Las alarmas se han encendido estos últimos días ante la situación relacionada con la actividad volcánica de La Palma, dada la peligrosidad de lo que significa la expulsión de elementos volcánicos, la trayectoria de la lava y las consecuencias de que esta llegue al mar.

Se puede hacer que los riesgos se reduzcan significativamente frente a este tipo de contingencias si hay una logística de evacuación exitosa y programada como está sucediendo. Sin embargo, para constatar los efectos ambientales se necesita una supervisión exhaustiva de la actividad, el trayecto de la explosión y el alcance.

Siempre hay peligro cuando un volcán entra en actividad, por esa razón la vigilancia en zonas de riesgo debe ser constante. En todos las comunidades cercanas a un volcán hay indicaciones y limitaciones para los habitantes de esa región.

Tambien existen recomendaciones como la zona donde se pueden construir casas y edificios, y evitar ir a las zonas peligrosas sin permisos o sin personal especializado.

Es muy difícil definir el trayecto que la lava de un volcán tendrá, lo que trae como consecuencia la desaparición de muchas viviendas, tal como está ocurriendo en La Palma.

Otro de los peligros que se presentan con la actividad volcánica son los gases. La liberación de sustancias como el monóxido de carbono, el dióxido de azufre, el dióxido de carbono, el sulfuro de hidrógeno y el ácido clorhídrico, si pueden tener serias afectaciones para los humanos, animales y vegetación.

La expulsión de estos gases se libera cuando los volcanes comienzan su actividad, inclusive antes de que se pueda determinar como una seria advertencia.

La expulsión que se libera lleva consigo una carga de presión tan fuerte que puede expulsar esas emisiones a muchos kilómetros de distancia.

Cuando la lava entra en contacto con el mar, trae una temperatura que ronda los mil grados centígrados, esto produce de inmediato una explosión de vapor de agua que forma una nube blanca muy densa.

Si la lava producto de la actividad volcánica toca el mar, tendrá una reacción química donde elementos como el magnesio, azufre, boro, estroncio, cloruro, sodio, bicarbonato y potasio producirán un vapor altamente tóxico.

Aunque cada volcán es único en su composición y el tipo de gas que emite, la mayoría tiene consecuencias peligrosas al entrar en contacto con el mar. Esto se relaciona con la composición del agua cercana al momento de que la lava llegue a la costa.

Hay 3 elementos considerados de máximo riesgo en lo que se refiere a los gases producidos por una actividad volcánica. Uno de estos es el ácido clorhídrico, que en España se le conoce como Salfumán.

Dicho ácido es altamente corrosivo e irritante y puede causar acumulación de líquido en los pulmones y dificultades respiratorias.

El otro gas es el fluorhídrico, que penetra fácilmente en los tejidos y puede llegar hasta los pulmones sin que haya aviso de ello, provocando dolor y una alteración del sistema nervioso.

El tercer elemento es la denominada lluvia ácida, que alcanza niveles tan elevados de temperatura que ocasiona  explosiones.

Esta lluvia puede lanzar a la atmósfera partículas de este ácido clorhídrico y vidrio que es altamente perjudicial y que se puede extender hacia zonas lejanas donde no había llegado la lava.

Recomendaciones al estar en zonas afectadas por actividad volcánica

  • Evitar acercarse tanto a la boca del volcán como al trayecto de la lava. Aunque puede parecer un suceso impactante y nunca visto, el estar cerca puede desencadenar una serie de afectaciones a la salud que podrían ocasionar la muerte.
  • Mantenerse en áreas cubiertas y resguardadas. Aunque la recomendación es la evacuación inmediata, en los lugares donde no hay peligro de acercamiento de lava, pero sí de gases, es fundamental no salir de casa y cerrar puertas y ventanas.
  • Las personas con enfermedades en los pulmones deben tratar de limitar la actividad física y tomar abundante líquido.
  • Si es necesario salir de casa, usar mascarillas protectoras y gafas. Tener a la mano un recipiente con agua para humedecer la mascarilla.
  • Tener a la mano números de teléfonos de emergencias, baterías recargadas, linternas y no colapsar las líneas telefónicas.

Mitos y realidades relacionadas con la actividad volcánica

Es importante conocer que ante la presencia significativa actividad volcánica, las personas que viven en regiones circundantes tomen las debidas precauciones, así como también es recomendable un control emocional, para que la situación no se torne más difícil y descontrolada.

Existen muchos mitos en torno a la afectación que puede causar la actividad volcánica, sin embargo es importante conocer cuáles si requieren atención inmediata.

Una de las preocupaciones de las comunidades científicas y médicas son las consecuencias de la emulsión de gases producto del contacto del agua con la lava volcánica.

Una de las principales preocupaciones es que la actividad volcánica sea tan fuerte que pueda lanzar piedras enormes o magma al aire y que estos tomen de improviso a los pobladores cercanos, sin embargo, esto no es así del todo.

La mayoría de los pobladores sitúan sus viviendas a una distancia prudencial de la boca del volcán. La misma la lava que se desprende avanza muy lentamente, dando tiempo a una evacuación preventiva.

Otro dato importante es el monitoreo constante de la actividad de un volcán para prevenir con tiempo una posible erupción.

Esta actividad debe ser supervisada de forma constante por los organismos oficiales y las poblaciones tienen el derecho de exigir esta vigilancia.

Además, son los organismos oficiales lo que tienen la logística y materiales necesarios para detectar la actividad sísmica y conocer si un volcán dormido puede despertar de repente.

Otro mito se relaciona con la ceniza. Muchos piensan que al entrar en contacto con las personas, las cenizas son causantes de graves afectaciones de salud.

Esto es posible sólo en aquellas personas que ya tienen patologías o enfermedades relacionadas con el sistema respiratorio, pero las cenizas no son motivo de afectación grave en personas sanas.

Aunque dado por el espesor de las cenizas, pueden hacer difícil la visibilidad, lo que podría ocasionar accidentes de tránsito y caminos resbalosos.

Otro mito es que la ceniza puede enceguecer a las personas causando daños a la vista. Esto también lo desmiente la comunidad científica y de salud.

Expresan que la ceniza puede causar conjuntivitis o irritación de la zona ocular, principalmente para las personas que usan lentes de contacto, pero en caso de afectación, los tratamientos son sencillos y no tienen afectaciones secundarias.

Las aguas si pueden tener una consecuencia más devastadora, principalmente por algunos volcanes que se encuentran en lagos o cráteres grandes.

Estos pueden desatar grandes avalanchas de piedra y lodo que pueden tomar desprevenidas a poblaciones cercanas que viven cerca de corrientes cercanas, como el volcán Nevado del Ruiz en Colombia que hizo estragos en 1985.