Vivimos en un mundo que cambia poco a poco con cada día. Estamos en una época privilegiada, los avances científicos y tecnológicos en beneficio a la sostenibilidad toman forma ante nuestros ojos casi diariamente y nos hemos acostumbrado a ver cambiar el panorama del trabajo y del mundo.

Tal vez por eso es que a lo largo del mundo se aborda con entusiasmo la lucha contra el cambio climático y los esfuerzos por alcanzar un estándar de vida sostenible.

La sostenibilidad se ha convertido rápidamente en uno de los temas que domina nuestra actualidad, mucho se ha dicho sobre la necesidad de cambiar las pautas del desarrollo humano para lograr que nuestra especie pueda prosperar en conjunto con la naturaleza.

Y aunque esto supone grandes cambios a nivel de infraestructura, energía, filosofía y políticas, también incluye cambios más pequeños pero igual de significativos en otros ámbitos cotidianos como el aspecto laboral o urbano.

Estos cambios, por pequeños que puedan parecer a simple vista, constituyen la base con la cual se construirán los cambios mayores que nos llevarán hacia la meta de la sostenibilidad. 

Algunos de los primeros cambios que veremos a nuestro alrededor podrían ocurrir en el sector laboral, a medida que los esfuerzos de producción se redirigen hacia las necesidades de la sostenibilidad en el trabajo.

Cambios que beneficien la sostenibilidad en el trabajo

Empresas como la automovilística y petroquímica verán un descenso en su producción y demanda, lo que dejara libre a un volumen sustancioso de profesionales cuyos talentos podrán emplearse de manera cabal en otras ramas del desarrollo.

Esto incluiría, por ejemplo, la construcción y manejo de infraestructura diseñada para facilitar la transición al uso de energías renovables, el desarrollo y construcción de nuevas infraestructuras urbanas más eficientes y la manufactura de nuevas tecnologías que sean acordes a las necesidades de la sociedad sostenible.

A medida que avancemos, se darán cambios más visibles e importantes. Por ejemplo, la mayoría de las tasas de productividad bajarán debido a que la filosofía de producción será reenfocada para suplir las necesidades de la población humana, evitando la producción excedente, el consumo excesivo de recursos naturales y el despilfarro energético.

Asimismo otros cambios que comienzan a aparecer alrededor del mundo pueden verse en la esfera urbana. Un mayor estímulo al transporte público nos prepara para un futuro donde se perfila que esa pase a ser la principal manera de transporte urbano.

De la misma manera la mayoría de las formas de transporte que existen actualmente tendrán que ser cambiadas gradualmente por otras que puedan aprovechar mejor las formas de energía renovables, y que por consiguiente, planteen un aporte menor a las emisiones de gases de invernadero y al calentamiento global.

Los turnos de trabajo y tasas de consumo energético tendrán que modificarse también en pro de aprovechar lo más posible la luz del día y los recursos energéticos de los que dependen las energías renovables.

Se entiende que los niveles de energía generada fluctuaran a lo largo del año, especialmente en países con un ciclo de cuatro estaciones y la mejor manera de mantener una producción sostenible será ajustarse a estos cambios.

Cambiando lo que no funciona

Quizás los cambios más difíciles sean aquellos que afecten las costumbres que hemos desarrollado a lo largo de los años.

Cosas pequeñas como cambios en los horarios de trabajo, en los productos de consumo y en las alternativas de ocio podrían ser lo que termine causando más desazón entre el común de la población.

Aún así todo sacrificio es pequeño ante la realidad que nos impone el cambio climático y la necesidad de alcanzar la sostenibilidad en el trabajo a escala global.