A medida que ganamos una comprensión mayor acerca de la complejidad del cambio climático, los científicos desarrollan cada vez planes más complejos para hacerle frente. Una de las propuestas más singulares a lo largo de los últimos años es la geoingeniería, también conocida como ingeniería del clima. Esta se define como la intervención a gran escala en los sistemas que dan forma al clima con la intención de mitigar los efectos del calentamiento global.

La geoingeniería tiene sus bases en la segunda mitad del siglo pasado cuando se descubrió que la dispersión de ciertos materiales en las capas superiores de la atmósfera podría afectar la formación y composición de las nubes. Desde ese momento, se han realizado muchos estudios con la intención de conocer a profundidad el alcance de las actividades humanas sobre el clima global y el potencial aprovechamiento que se le podría dar a las posibles modificaciones del clima.

Esta investigación ganó una vigencia inesperada cuando los efectos del calentamiento global comenzaron a alterar el clima del planeta. En ese momento, la geoingeniería tomó procedencia como la principal forma de mitigar los efectos del cambio climático a corto plazo despertando un gran interés alrededor del mundo que la ha convertido en una de las ramas científicas de mayor prominencia en los últimos años.

Modificando cielo y tierra

 

La geoingeniería propone varias estrategias de diversas índoles para enfrentar el calentamiento global. Sus dos vertientes con más apoyo se centran en el manejo de la radiación solar y la remoción del dióxido de carbono atmosférico, se cree que estas propuestas tienen el potencial para mitigar los efectos del cambio climático en el presente y reducir su avance en el futuro.

El manejo de la radiación se basa en el uso de la tecnología para limitar la cantidad de luz y calor solar que alcanzan nuestro planeta y aumentar la cantidad de luz y calor reflejada por este. Entre los planes de esta estrategia, se encuentran medidas como el uso de materiales reflectantes en techos y carreteras, la protección y expansión de los casquetes polares, la dispersión de agua de mar en las nubes para aumentar su capacidad refractiva e incluso el despliegue de lentes y espejos en órbita. Estos planes pueden parecer estrafalarios y poco prácticos a primera vista, pero constituyen maneras comparativamente baratas y rápidas para disminuir el peso del calentamiento global sobre el planeta.

Sin embargo, el manejo de la radiación solar no sirve para remediar las altas concentraciones de gases de invernadero, para eso la geoingeniería cuenta con las estrategias de remoción de dióxido de carbono atmosférico. Los planes de esta estrategia se basan en la captación de carbono en el aire y el aprovechamiento de procesos biológicos. Las medidas que propone son la reforestación, silvicultura y el uso de biocombustibles. Estos métodos son más lentos y requieren una inversión mayor, sin embargo, a futuro se espera que su efecto acumulativo sea suficiente como para mitigar el avance del cambio climático.

Modificando cielo y tierra

 

Por supuesto que no se puede ignorar la gran cantidad de peligros que conlleva la geoingeniería. Desde sus posibles aplicaciones militares, hasta la verdadera posibilidad de empeorar aún más los efectos del cambio climático o producir por accidente catástrofes ambientales incluso peores que el calentamiento global. Sin embargo, la crisis que nos aqueja es demasiado severa y ha alcanzado un punto demasiado avanzado, es necesario modificar el clima si deseamos tener una esperanza para nuestros descendientes.