Por muy extraño que suene, los residuos orgánicos producen un gas renovable que representa una oportunidad para impulsar la descarbonización y crear riqueza.

El paradigma actual del modelo económico lineal, que predomina en casi todos los países de nuestro planeta, consiste en producir, usar y tirar. Algo que está ocasionando serios problemas a nuestro medioambiente. Pero este modelo podría llegar a su fin si es sustituido por otro de economía circular, es decir, aquel que minimice la extracción de nuevos recursos y la generación de residuos.

En un empeño en encontrar alternativas sostenibles al uso de combustibles fósiles, como el diesel o la gasolina, para participar en la lucha contra el cambio climático, diversas empresas han desarrollado una nueva tecnología que permite aprovechar la energía procedente de los residuos orgánicos de vertederos, depuradoras de aguas residuales urbanas o industriales. El aprovechamiento energético de estos residuos presenta un  gran potencial para contribuir en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Se trata del biometano, un gas 100% renovable, que puede producirse a partir del biogás generado por digestión anaerobia, es decir, se puede obtener aprovechando los diferentes materiales orgánicos residuales industriales. 

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También conocido como gas verde, puede utilizarse, al igual que el gas natural, como biocombustible para vehículos que funcionan con motores a gas, cada vez más presentes en el mercado por sus reducidas emisiones.

Este gas es similar al gas fósil que se encuentra en la naturaleza y por tanto, puede sustituirlo. Es bio porque se produce a partir de la degradación de residuos orgánicos.

La manera de obtener el biogás es descomponiendo la materia orgánica en ausencia de oxígeno en reactores o digestores donde proliferan de manera natural miles de microorganismos que degradan progresivamente los residuos orgánicos liberando el biogás y un subproducto líquido denominado digerido.

Según datos de la European Biogas Association, en Europa, a finales de 2017 había ya más de 540 plantas en operación convirtiendo biogás en biometano.

El país con mayor grado de implantación es Alemania, seguido Reino Unido, Suecia y Francia. Las plantas utilizan residuos de diferentes fuentes (agrícolas, ganaderos, vertedero, plantas de tratamiento de agua) y generan biometano. Entre sus beneficios está la creación de empleo y su contribución neta al PIB, con 16.000 empleos y una aportación al PIB estimada en 226 millones de euros al año en Europa, según la Asociación Española del Gas (Sedigas).

La generación de biogás es una práctica que está llamada a ganar terreno en la carrera por la economía circular en diversos sectores, donde ya hay ejemplos de este concepto “verde” de la economía, como por ejemplo el proyecto europeo Life Methamorphosis, que permite dar una segunda vida a la basura y a los purines y, al mismo tiempo, reducir drásticamente las emisiones de gases de los vehículos automotores.

Life Methamorphosis es un proyecto cofinanciado por la Comisión Europea dentro de su programa Life para proyectos que mitigan el efecto del cambio climático. Concretamente se trata de mostrar a escala demostrador que se puede obtener un biocombustible 100% renovable, procedente de los residuos orgánicos, con una alta calidad que permite su uso como combustible en vehículos de gas natural comprimido de última generación, tanto en vehículos ligeros como en vehículos pesados.

Existen ciertas barreras económicas, tecnológicas y de mercado, para concretar el modelo de economía circular a partir de este biogas, pero lo primordial es superar las barreras administrativas. Lo importante es impulsar un marco normativo adecuado para que se fomente el desarrollo de estos gases, se incentive su producción, y se movilicen los recursos financieros necesarios para facilitar la obtención de objetivos de producción.