Para la mayoría de las personas del mundo, el ozono es una sustancia lejana y que no representa ninguna preocupación urgente, un gas estratosférico que purifica el aire de la atmósfera y nos protege de la radiación ultravioleta, sin embargo, en España, el ozono es una preocupación de primer orden.

Desde hace algunos años el ozono se ha convertido en el mayor contaminante atmosférico que afecta a las principales ciudades de España. Sin embargo, hay un rayo de esperanza, los últimos reportes de las estaciones que monitorean la calidad del aire indican que las concentraciones de ozono han ido disminuyendo a lo largo del año 2020.

Para ser más específicos, el informe estatal sobre el ozono entregado por Ecologistas en Acción revela que los niveles de dicho contaminante se han reducido en un 41 % a lo largo del territorio español. Sin embargo, esto no es razón para celebrar o bajar la guardia, el mismo informe muestra una perspectiva poco favorable sobre la contaminación atmosférica en España, señalando que alrededor de un 76 % de la población sigue  respirando aire contaminado y sufriendo los problemas de salud asociados con la presencia de smog. De igual manera, el informe enfatiza la necesidad de aplicar los Planes de mejora de la calidad del aire para afrontar esta crisis.

Contra el cambio climático

El ozono que contamina las ciudades de España no proviene de la estratosfera, sino que forma parte de un grupo de contaminantes a los que se les conoce como smog fotoquímico. 

El smog fotoquímico se compone de dos tipos de contaminantes, los primarios y los secundarios. Los contaminantes primarios son sustancias simples que se acumulan en el aire y reaccionan entre si al recibir radiación solar, mayormente son óxidos de nitrógeno, procedentes de la quema de combustibles, y compuestos orgánicos volátiles que provienen del uso indiscriminado de solventes e hidrocarburos.

Por otro lado, los contaminantes secundarios son los productos químicos que se forman cuando los primarios reaccionan entre sí, el principal productor de estas reacciones es el ozono, pero también se forman otras sustancias peligrosas como el ácido nítrico y sulfúrico que quedan suspendidas en la atmósfera comprometiendo la calidad del aire.

Por esta razón justamente las zonas donde se registra la mayor concentración de ozono son las ciudades densamente pobladas como Madrid, Extremadura, Castilla y Córdoba. Sin embargo, el smog puede ser transportado por el viento haciendo que el área afectada por la contaminación atmosférica se extienda más allá de las grandes ciudades.

Un peligro invisible

El ozono es un contaminante peligroso por su capacidad oxidante que afecta los ojos y el sistema respiratorio. Al igual que muchos otros contaminantes atmosféricos, la exposición prolongada a niveles peligrosos de ozono puede causar problemas mayores, como deficiencias respiratorias o neurológicas, además de provocar problemas de desarrollo en niños en edad escolar y en periodo de gestación.

Pero lo más peligroso del ozono, y de la contaminación atmosférica en general, es lo difícil que resulta controlarla. No sé puede saber fácilmente su gravedad ni su extensión antes de que comience a afectar la salud de las personas y, para ese punto, ya se ha convertido en un problema de salud pública.

Superar el problema del smog fotoquímico en España es difícil, pero la disminución de ozono que se observa en este año nos demuestra que con las medidas adecuadas es posible disminuir sus concentraciones.