En las últimas décadas, España ha sido considerado uno de los líderes mundiales en producción y exportación de vino en el mundo. Durante años, las bodegas españolas han buscado formas de adaptar la elaboración del vino a diversos gustos a la hora de exportarlos, para complacer el paladar de sus clientes.

Con la llegada de la pandemia a principios del año 2020, la producción de vino se ha visto fuertemente afectada, además por el aumento de la temperatura y la disminución de las precipitaciones, que vienen provocando el adelanto precipitado de la vendimia de las uvas.

«Así, distintos viticultores han manifestado a Europa Press que las cada vez menos abundantes precipitaciones han obligado a algunas bodegas y áreas vitivinícolas a instalar sistemas de riego en sus viñas, un cultivo que tradicionalmente era de secano».

La planta Vitis vinifera

Gracias a los constantes cambios climáticos, el sector de la vitivinicultura se ha visto en apuros, ya que la planta vide es extremadamente delicada a las variaciones climáticas; cuando el clima se torna más cálido, en las uvas se aumenta el contenido de azúcar y se maduran más rápido y requiere una vendimia adelantada como es el caso de este año, en el sector español, que se ha tenido que adelantar 15 días en algunas regiones debido a las temperaturas.

Es por esto que a pesar de las estrategias sostenibles generadas en los últimos años para adaptar las plantaciones a los constantes cambios meteorológicos, este sector podría verse afectado si el clima sigue en un estado tan caluroso como lo ha sido el 2020, que según la Agencia Estatal Meteorológica (AEMET), «los nueve primeros meses de 2020 han convertido a este año en el más caluroso hasta la fecha desde que se comenzó a tener registros en 1961».

Enólogos  expresan su preocupación

Enólogo y el vino

Juan Jesús Méndez, el director de Bodegas Viñátigo (Santa Cruz de Tenerife) ha expresado su pesar ante el marcado estrés al que están expuestas las plantas en su desarrollo para producir de la misma manera que en años anteriores pero en menos tiempo.

Esto surge por las modificaciones en la administración para evitar riesgos en zonas escasas y poder compensar la ausencia de agua. Por otra parte, para obtener más sombreado y evitar que se calcinen las plantas por las altas temperaturas, deben  modificar la altura de las espalderas que sostienen y guían a las plantas en su crecimiento.

Dependiendo del lugar y el clima, los enólogos se las han ingeniado para hacer cambios en la producción, bien sea buscando opciones de plantas más resistentes a la sequía, hacer cambios en el deshojado para evitar la deshidratación de las uvas y en algunos casos, como es en la región gallega de Rosal (Pontevedra), no han generado cambios alguno, ya que el clima ha sido favorable.

Sostenibilidad en las cosechas

Así como las bodegas se han visto afectadas por el cambio climático, también buscan la manera de contribuir al medio ambiente y a la salud, implantado medidas ecológicas y antiguas que son más efectivas para cuidar el planeta.

«España, primer viñedo del mundo, lidera también el número de hectáreas certificadas como ecológicas y el número de bodegas que elaboran este tipo de vino se ha duplicado en la última década y la principal salida del vino ecológico español es la exportación, que actualmente representa algo más del 50 % del mercado de estos vinos y apunta a una tendencia de crecimiento».

El enólogo Richard Sanz junto a sus hermanos, crearon un proyecto sostenible con técnicas de sus ancestros, como construir una granja, un hotel de insectos, jardines de polinización y recurrir a estrategias para enriquecer la tierra plantando leguminosas que aportan nitrógeno natural al suelo. Con estas medidas, se evitan abonos químicos para poder tener un futuro más sostenible en la producción. Su filosofía es hacer las cosas de la manera más natural posible y «volver a re-engranar la cadena de la biodiversidad que como género humano la hemos roto».