No sólo son las sobras, sino todo lo que no se llega a consumir o vender. 

No es un tema nuevo, pero sí persistente. 

El desperdicio de alimentos en España sobrepasa los 7.7 millones de toneladas de alimentos anualmente, de los cuales 2.2 corresponden a alimentos en buen estado de consumo

Esto no es ético ni mucho menos justo. 

Además, según fuentes oficiales de Naciones Unidas, se estima que el desperdicio de alimentos es responsable de hasta el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero

Según la FAO, más de un tercio de los alimentos producidos en el mundo no son consumidos y se desperdicia entorno al 14 % del valor económico de la producción global de alimentos desde que se cosechan hasta la venta al por menor. 

Esto se traduce en impactos severos al medio ambiente, impactos económicos en productores y contribuyentes, porque toca el bolsillo de todos

El despilfarro no sólo significa generación de residuos orgánicos, sino también despilfarro de recursos como agua, suelo, fertilizantes, mano de obra, transporte, etc. 

Tampoco está focalizado en la fase de consumo, sino que el desperdicio se presenta durante toda la cadena alimentaria. El mismo sistema agroalimentario actual incentiva que la producción de alimentos degrade los ecosistemas naturales como que los productos sean descartados antes de entrar en el circuito comercial

Esto lo demuestra el estudio liderado por Jaime Valderrama, que trata sobre los costes ambientales derivados del desperdicio de grandes cantidades de fruta y verdura fresca desechada antes de ingresar al circuito comercial, en él muestra como razón principal el control de los precios, un juego de oferta y demanda donde ‘toca’ dejar perder comida por conservar los precios de venta.

Mientras esto ocurre, la FAO estima que alrededor de 700 millones de personas padecen malnutrición, sin mencionar la degradación del suelo y el uso de recursos en la producción de los alimentos, o la contaminación generada por ellos. 

 Concretamente entre un 30 % y un 50 % de los alimentos acaban desechados, un 80 % de ellos se tiran desde los hogares tal cual se han comprado a nivel mundial. 

 

La solidaridad como solución 

No solo los bancos de alimentos son una alternativa eficiente para la recuperación de alimentos, sino también otros emprendimientos solidarios

En Sevilla, por ejemplo, Gema González creó la app ‘Yo Aprovecho’, para alertar que la tienda del barrio tiene un paquete de alimentos próximos a caducar en oferta. Es decir, la app sirve para que pequeños comerciantes anuncien sus productos excedentes o vulnerables a caducar, acomodados en packs sorpresa con los cuales el consumidor puede ahorrarse entre un 50% a un 70 % del valor real. 

Otra app que flipa, pero esta vez en Madrid, Zaragoza, Logroño y Santiago de Compostela es ‘Encantado de comerte’, al igual que la anterior pone en contacto paquetes preparados de alimentos provenientes de tiendas de barrio y hostelería con usuarios a precios módicos. 

Sin Embargo, su lucha contra el desperdicio de alimentos va más allá; actualmente trabaja con organizaciones como Cáritas para que, a su vez, desde la app familias vulnerables puedan beneficiarse. 

 

¿Qué hacer para evitar el desperdicio de alimentos?

Existen diversas iniciativas, sin embargo, en casa la solución más sencilla y fácil de implementar, es realizar el menú semanal y una lista de compras ajustada a la planificación. Quizá sea evidente, pero la verdad es que a la mayoría se nos van los ojos en el supermercado y terminamos comprando mil y un antojos. O por no saber calcular adecuadamente, por ejemplo, la cantidad de verdura necesaria, tomamos más de lo comemos y la pobre termina en vertederos

Por otra parte, en el campo, o en la fase de comercialización, las soluciones están vinculadas al desarrollo de una agricultura y comercialización más sostenible y de proximidad.  Por ejemplo, acortar la diferencia entre los precios recibidos por los agricultores y los que pagan los consumidores, ya que, en este sentido en España el incremento de precio entre un producto a pie de explotación y en supermercado va desde el 624 % para calabacines al 349 % para pepinos.