Después de largos años de esfuerzo y espera, las asociaciones ecologistas de toda Andalucía celebran un triunfo importantísimo para la conservación del quebrantahuesos, un ave emblemática que ha sido empujada hasta el borde de la extinción en el territorio de España. Después de estar extinto en estado silvestre durante medio siglo en el territorio de Granada, se ha encontrado una pareja anidando en la Sierra de Castril y se ha verificado la presencia de huevos en su nido, esta señal hace ver que los esfuerzos para reintroducir a la especie han dado frutos reavivando la esperanza en su conservación.

La reintroducción del quebrantahuesos en Granada no es un evento fortuito, después de todo es importante remarcar que un gran número de asociaciones se esforzaron para llevar a cabo el Plan Andaluz de Recuperación de Aves Necrofagas que incluyen pero no se limitan a la Delegación Territorial de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de Granada y la Dirección General del Medio Natural. Todos estos organismos han colaborado durante años entre sí y con asociaciones externas, en un esfuerzo que abarca la reproducción, crianza y reintroducción de ejemplares de quebrantahuesos a la naturaleza, y eso sin contar el trabajo de los colaboradores dentro del parque que se aseguran de mantener un entorno seguro y acogedor para las aves.

El nido de la pareja de quebrantahuesos, a los que se conoce como Vera y Guadalquivir, representa la materialización de años de esfuerzo realizados por profesionales de alto nivel y autoridades comprometidas con la conservación de esta noble especie. Se espera que a futuro los resultados alentadores de este plan lleven a una mayor integración y colaboración entre los grupos y las personas responsables por el bienestar del medio ambiente y la biodiversidad en nuestros territorios.

Una historia de pérdida y esperanza

Los quebrantahuesos son aves únicas en muchos aspectos, desde su alimentación compuesta casi completamente de huesos enteros y algunos animales pequeños, como ratones, lagartos y tortugas; hasta su plumaje característico entre su familia y la reconocible silueta de los adultos al surcar los cielos. En un tiempo fueron bastante comunes en la península ibérica pero la falta de atención y regulaciones llevó a esta especie al borde de la desaparición total en la segunda mitad del siglo pasado.

La gran amenaza que consumió a la población de quebrantahuesos fue el veneno. A medida que la población de granjeros comenzó a extenderse a través de las serranías donde habitaban los quebrantahuesos, llevaron su costumbre de usar cebos envenenados para mantener a raya a los depredadores locales, está práctica afectó fuertemente a las aves carroñeras que tras devorar los cebos, o los cadáveres abatidos por ellos, enfermaban y morían. El bajo potencial reproductivo de la especie, en conjunto con la presión constante del veneno y otras amenazas a su supervivencia, resultaron en un desplome sostenido de sus números.

Hoy en día la especie se encuentra protegida y se realiza un gran esfuerzo de conservación sólo para evitar que sus número disminuyan en España. Se espera que mediante programas de reintroducción sus números puedan seguir creciendo a medida que se establecen nuevas poblaciones en los lugares donde antes eran abundantes.

 

Conservando lo que nos queda y recuperando lo perdido

Podría creerse que la aparición de una pareja de quebrantahuesos en un nido solitario de Granada no significa la gran cosa, pero en realidad es todo un testamento al poder de la reintroducción de especies como técnica de conservación.

No solo quebrantahuesos, toda una gama de especies amenazadas y desaparecidas pueden restaurarse con programas adecuados de reintroducción y allí es donde radica la importancia de esta meta cumplida, pues se espera que inspire a grupos e individuos en el futuro para seguir trabajando y haciendo una diferencia por la conservación y un medio ambiente más rico.