El oso pardo ibérico, es una especie catalogada «en peligro de extinción» porque solo quedan unos pocos ejemplares en la Cordillera Cantábrica y en los Pirineos, su hábitat está muy segmentado y ha perdido diversidad genética.

La población de oso pardo en la Cordillera Cantábrica va recuperándose de forma progresiva y la Fundación Oso Pardo estima que ya hay unos 350 ejemplares, una población cuatro veces superior a la de hace 30 años.

En el caso de los Pirineos, la población se recupera lentamente, el último censo fue de 52 individuos, el mejor dato en décadas, ya que hace 25 años apenas quedaban media docena.

Solo existe un ejemplar que conserva los genes originales de sus descendientes. El resto de osos vienen del programa de reintroducción del oso pardo Pyros Life, que comenzó en 2016 con la captura de Goiat en Eslovenia y liberado en el Parque natural del Alt Pirineu en Isil (Lleida), con la intención de recuperar la especie.

Durante el último trimestre de 2020, se realizó el primer censo genético nacional de oso pardo cantábrico en las comunidades autónomas de Castilla y León, Asturias, Cantabria y Galicia, en coordinación con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y el apoyo de la Universidad Autónoma de Barcelona, el Instituto de Biología Evolutiva-CSIC y el Instituto de Recursos Cinegéticos IREC-CSIC.

El proyecto que tuvo una duración de tres meses y medio, se inició el pasado 1 de septiembre de 2020 y finalizó recientemente el 15 de diciembre. Su objetivo es contribuir a estimar la población que existe de la especie en la Cordillera Cantábrica.

En Cantabria, gracias al oso, se ha desarrollado la oferta turística en la zona. Los aficionados viajan desde cualquier parte del mundo para verlo. Existen compañías que organizan rutas por el monte para seguir el rastro del oso y conocer sus hábitos y costumbres.

Cambiar la historia de que el oso es una amenaza ha sido una de las acciones que se han tomado para su recuperación.

Así como causa fascinación, también despierta el temor natural del hombre a la fiera. De ahí el deseo de aniquilarlos que ha existido durante décadas, motivo por el cual se redujo catastróficamente la población de estos osos durante el siglo pasado.

La realidad es que los incidentes que causan son escasos, en su mayoría son ocasionados cuando se sienten amenazados o cuando creen que sus crías peligran. La mayoría de las veces son espectaculares y solo para intimidar, rara vez culminan su ataque.

El oso pardo es un animal omnívoro. Su dieta se basa principalmente en frutas o vegetales, muy diferente a la de otras especies como el oso polar. Solo consume carne cuando no encuentra otros alimentos a su alrededor, aunque engaña a todos en este sentido al presentar unas garras más propias de una especie carnívora que herbívora.

Una de las características de los osos que no contribuye a su rápida recuperación, es que son los vertebrados con las menores tasas de natalidad del mundo. Las hembras alcanzan la madurez sexual a una edad entre 3 años y medio y 5 años. 

Entre una camada y otra transcurren tres años y cada camada consta de una a tres crías.

Se debe seguir trabajando por la conservación de los hábitats naturales, el aumento de los proyectos de investigación y la mejora de los programas de sensibilización, así como el pago de daños producidos por osos y las compensaciones a las poblaciones que viven en zonas oseras, para evitar las batidas en venganza contra ellos.

Cada año aumenta el número de osas con crías, y cada vez hay más conexión entre las dos subpoblaciones (la de la zona occidental y la de la zona oriental) mientras que la colonización de nuevas áreas garantiza una futura expansión del oso. El gran reto sigue siendo evitar todo riesgo de conflictividad con los humanos.