La división entre territorios muchas veces dificulta el enfrentar problemáticas ambientales

Hace siglos, los filósofos griegos discutían entre sí sobre si la tierra podía o no considerarse un ser vivo en sí misma. Hoy por hoy tal debate se siente algo desfasado. La mayoría de las personas está de acuerdo en que nuestro planeta funciona como un complejo sistema, donde las leyes de la física y química interactúan con las acciones de los seres vivos dando lugar a un entorno dinámico, equilibrado y, mayormente, autosustentable; se entiende que el funcionamiento de la tierra puede asemejar el de un ser vivo en ciertos aspectos pero en general no se le considera una entidad viviente ni mucho menos consciente.

Y sin embargo, este debate ancestral regresa de nuevo en nuestro presente con un curioso giro de tuerca, pues próximamente se negociará ante las Naciones Unidas la idea de reconocer al sistema terrestre, es decir, todos los componentes que interactúan entre sí conformando nuestra biosfera y confiriéndole sus funciones, como una sola entidad para los fines del patrimonio de la humanidad. Esto permitiría establecer los límites del planeta como parte de la normativa internacional, de tal manera que estuviese por encima de los territorios sobre los que las naciones ejercen su soberanía.

Esto plantearía un cambio fundamental de la forma en la que interactuamos legalmente con nuestro planeta y, por consiguiente, con el medio ambiente. Según el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), esta medida permitiría la protección del medio ambiente a escala global, generando mejores resultados en la lucha contra la contaminación, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad

 

Integrando nuestros esfuerzos

Actualmente nuestro planeta es administrado como un todo separado en partes, trazamos fronteras y delimitamos territorios para que cada nación pueda manejar sus asuntos de manera más o menos independiente y sin interferir con las demás en la medida de lo posible. Este sistema brinda autonomía a cada territorio sobre sus bienes y recursos, pero al mismo tiempo limita su potencial de acción en materias que superan la extensión de su territorio. 

Como resultado tenemos distintos países que tratan de abordar los mismos problemas desde distintos ángulos con resultados desiguales, las cumbres y tratados internacionales pueden hacer algo por lidiar con toda esta discordia, pero la gravedad y extensión de problemas como el cambio climático o el descenso de la biodiversidad hacen ver que simplemente no son suficiente; y eso sin contar los extensos lugares del planeta donde la soberanía de las naciones no alcanza, limitando el rango de acción que se tiene sobre ellos.

La unificación del sistema terrestre a efectos jurídicos permitiría coordinar los esfuerzos de las distintas naciones para hacer frente a las amenazas de una forma más eficiente. Gestionando los recursos y medios del planeta como un todo en vez de como regiones interdependientes, podría afrontar mejor la crisis de recursos naturales, proteger con más efectividad a las especies amenazadas alrededor del mundo y monitorear con más precisión el efecto de nuestras medidas sobre el progreso del cambio climático.

 

Un planeta que sea de todos

En el presente se maneja la idea de que los países tienen ‘responsabilidades comunes pero diferenciadas’ lo que significa que aunque todos son responsables de resguardar el planeta cada uno lo debe hacer de la manera en la que sus recursos y cualidades lo permitan. En la práctica, este sistema ha llevado a que cada nación se preocupe de los problemas en su territorio mientras ignora aquellas problemáticas que sobrepasan su jurisdicción, efectivamente permitiendo que se hagan más graves en el tiempo.

Bajo la propuesta de unificar al sistema terrestre como patrimonio común de la humanidad se plantea cambiar este pensamiento por la idea de que cada país tiene una responsabilidad para con el planeta y el resto de la humanidad de disminuir cualquier acción que afecte al sistema terrestre y contribuir dentro de la medida de sus capacidades a restaurarlo en la mayor medida posible.