A muchos nos parece que el agua es un recurso omnipresente e inagotable, podemos beber un vaso de agua siempre que nos apetezca, ducharnos y limpiar nuestra vivienda cuando nos haga falta e incluso regar nuestros jardines sin preocuparnos demasiado porque el agua se acabe. No obstante al leer las noticias es imposible ignorar la oleada de expertos, autoridades y víctimas que nos aseguran que la escasez del agua es un problema real y que se cierne sobre el mundo entero.

¿Cómo se explica entonces que en el planeta azul, con sus grandes océanos, ríos poderosos y glaciares majestuosos, haya escasez de agua? Para comprender la situación es mejor comenzar desde el principio. La escasez del agua se define como la falta del agua dulce necesaria para cubrir la demanda regular de agua en un lugar y momento dados. El agua salada que conforma los mares y océanos del planeta no puede utilizarse para el consumo humano, el riego de cultivos o actividades industriales; por este motivo aproximadamente el 97% del agua del mundo no puede utilizarse para suplir nuestras necesidades.

El 3% restante representa el agua dulce del planeta, sin embargo la mayor parte de esta agua conforma los casquetes de hielo de los polos, esta agua tampoco puede utilizarse de manera eficiente así que queda descartada. De toda el agua que hay en el planeta, tenemos a disposición un 0,0014%, aproximadamente catorce mil kilómetros cúbicos; lo cual es más que suficiente para cubrir las necesidades de la población humana. El problema de la escasez no es causado por la falta de agua sino por su distribución desigual.

La escasez física del agua

barco abandonado

La escasez física del agua ocurre cuando los recursos hídricos de un lugar son insuficientes para suplir las necesidades de su población. Este tipo de escasez se asocia principalmente a regiones áridas y calurosas del mundo, como el norte de África o los desiertos de Sudamérica, sin embargo la mayor parte de los centros poblados del mundo sufren algún grado de escasez física del agua. Es importante recordar que la disponibilidad de agua dulce en el ambiente (proveniente de ríos, lagos, pozos y la lluvia) tiende a variar estacionalmente. Muchas localidades que dependen de embalses o reservorios para su suministro de agua enfrentan dificultades durante los meses de sequía.

El problema de la ausencia del agua se ve exacerbado por los efectos del cambio climático, que produce temperaturas más altas en las regiones ecuatoriales y ciclos estacionales más pronunciados en las zonas templadas. Esto causa que muchas regiones que en su momento tuvieron planes robustos para distribuir y administrar su agua de manera efectiva se vean obligados a replantear tales medidas ante las presiones de un clima cambiante.

Escasez económica del agua y su mala distribución entre países

Niñas recogiendo agua

La escasez económica del agua, por su parte, consiste en un manejo pobre de los recursos hídricos que impide que la población tenga acceso a ellos. El ejemplo principal de esto se da en países en vías de desarrollo que, pese a poseer cuerpos de agua importantes, carecen de la infraestructura necesaria para transportar este recurso hacia los pobladores.

También está el caso de regiones donde el suministro de agua dulce se dedica principalmente a actividades agrícolas o industriales, limitando el volumen de agua del cual disponen las personas. A esto también se deben agregar los casos en los cuales múltiples países comparten un mismo cuerpo de agua y las legislaciones y actos de una nación pueden afectar el suministro de otra.

 

La ONU ha declarado que la mayoría de las personas afectadas por la escasez del agua son víctimas de la escasez económica, y por tanto su situación podría remediarse mediante la construcción de infraestructura, una mejor gestión de los recursos hídricos y la promulgación de tratados internacionales que protejan el derecho de las personas a tener un suministro constante de agua que satisfaga sus necesidades.

 

La escasez del agua es una problemática global que afecta a cada nación de manera desigual pero que nos involucra a todos. Si deseamos un futuro en el cual cada persona tenga garantizado el acceso al líquido vital, necesitamos colaborar desde el presente para suplir las desigualdades en su disponibilidad.