Los avances en la medicina, capaces de acortar en años los plazos para el desarrollo de vacunas, permiten pensar que estamos más preparados para la llegada de un nuevo virus, pero la realidad muestra que aún no se ha encontrado un tratamiento específico para quienes se infectan y que los sistemas sanitarios y sociales no son suficientes para prevenir y afrontar una situación como la generada por el coronavirus. 

Las pandemias del futuro surgirán con más frecuencia, se propagarán más rápidamente, tendrán más impacto en la economía mundial y podrían matar a más personas que las fallecidas por COVID-19. Así lo han determinado 22 expertos de todo el mundo a través de un nuevo informe sobre diversidad y pandemias, convocados por la plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas  (IPBES).

Un total de 17 expertos de los 22 convocados fueron designados por los gobiernos y las organizaciones para participar en un taller virtual “urgente” sobre la relación entre la degradación de la naturaleza y el aumento de riesgos de pandemia, coincidiendo en que es posible evitar este pronóstico y escapar de la denominada «era de las pandemias», pero para ello se requerirá un cambio radical para pasar de la reacción a la prevención.

 

Actualmente se estima que existen 1.7 millones de virus «no descubiertos» en mamíferos y aves, de los cuales hasta 850.000 podrían tener la capacidad de infectar a las personas

 

El 70 % de las enfermedades emergentes,  como la influenza y el VIH/SIDA, son zoonóticas, causadas por microbios de origen animal según la ONU.

El presidente de EcoHealth Alliance, Peter Daszak, ha señalado que las mismas actividades humanas como la expansión e intensificación de la agricultura, el comercio, la producción y el consumo insostenible, además de impulsar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, son los agentes que aumentan el contacto entre la vida silvestre, el ganado, los patógenos y las personas, generando el riesgo de aparición de una nueva pandemia.

Como solución, los expertos proponen una mayor conservación de las áreas protegidas, así como medidas que reduzcan la «explotación insostenible» en regiones de alta biodiversidad. Cambiar el enfoque con el que afrontamos las nuevas enfermedades es clave para Daszak porque «tenemos una capacidad cada vez mayor para prevenir pandemias». 

 

El SARS-CoV-2 circuló sin ser detectado durante al menos dos meses antes de que los primeros casos humanos de COVID-19 fueran descritos en Wuhan

 

Los expertos indican que depender de medidas de salud pública y soluciones tecnológicas es un camino lento e incierto. El coste de reducir los riesgos para prevenir pandemias es 100 veces menor que el de reaccionar ante las mismas. 

En este marco sugieren la creación de un consejo intergubernamental de alto nivel sobre prevención de pandemias. El objetivo de este grupo sería coordinar el diseño de un monitoreo global y predecir áreas de alto riesgo, entre otras responsabilidades. Además, a nivel nacional, los expertos consideran necesario institucionalizar el enfoque de «una sola salud» para crear planes de preparación de pandemias y controlar los brotes en todos los sectores.

Es importante que a partir de ahora se produzca un nuevo modelo de salud pública, que no se centre sólo en un país, sino que piense realmente en la seguridad sanitaria mundial. No sólo hay que pensar en los humanos, porque las pandemias surgen de las interacciones entre los animales, los humanos y el medio ambiente.

 

La aparición de la COVID-19 «ha sido impulsada enteramente por actividades humanas», según reportan los científicos a pesar de que el virus procede de microbios transportados por animales como en todas las pandemias

 

La médica y catedrática de Historia de la Ciencia en la Universidad de Castilla-La Mancha, María Isabel Porras,  que ha analizado la respuesta social ante otras crisis sanitarias, advierte que una de las claves en la COVID-19 y en las próximas epidemias es el «positivo papel de las medidas de aislamiento, cierres perimetrales y limitación del movimiento de la población, para disminuir el número de casos y aliviar la sobrecarga de los maltrechos sistemas sanitarios públicos».

En este sentido, señala que una de las lecciones que hay que aprender para próximos episodios es cómo paliar los efectos de esas medidas entre los trabajadores y en la población de bajos recursos que, según afirma, «debe elegir entre aislarse e ir a trabajar para sobrevivir».

También considera que hay que replantear la estrategia de desarrollo de vacunas, suspendiendo temporalmente las patentes de las vacunas efectivas y seguras para facilitar su fabricación, difusión y aplicación a la población mundial, y no olvidar las otras desigualdades más generales para atenderlas también y facilitar una recuperación tras la pandemia.

Tal vez la lección que nos deja la pandemia de COVID-19 es que, como vivimos en un mundo globalizado, no se necesita demasiado para que una enfermedad que empieza en una parte del mundo viaje e infecte a personas de otros países.