Un estudio del Centro de Políticas Económicas de Esade afirma con un mensaje discrepante que el peaje urbano –en donde se cobra por circular en una determinada zona– ofrece mejores resultados que la prohibición de coches con respecto a las zonas de bajas emisiones que se han venido adoptando en Europa.

Es importante recordar que en 2003 en Londres se empezó a cobrar siete euros a los conductores que entraban al centro para disminuir los atascos, muy pocos apoyaban el plan. Pasado un año, se notó una gran diferencia: un 30 % de los atascos se habían reducido y el tráfico había disminuido en un 10 %.

Estocolmo siguió esa estrategia, disminuyendo sus atascos en un 20 % y la contaminación entre un 5 % y 15 %. Hoy en día se sigue aplicando el peaje urbano con éxito en ambas capitales, y han sido ampliadas las políticas que penalizan a los vehículos más contaminantes.

El trabajo en donde se analizan los resultado de 19 países de la Unión Europea y el Reino Unido lo justifica de la siguiente manera en las 130 ciudad donde se empleó:

  • El peaje urbano incluye a casi todas las categorías de vehículos, mientras que las zonas de bajas emisiones sólo afectan a ciertos coches.
  • Las zonas de bajas emisiones no suelen ofrecer necesariamente mejoras en el transporte público, mientras que el dinero obtenido en el peaje urbano tiende a utilizarse en inversiones para el transporte público.
  • Además de la reducción de la contaminación, los peajes urbanos disminuyen los atascos, lo cual conlleva a ventajas económicas.  
  • Según el estudio, los ciudadanos de Madrid y Barcelona pasan 105 y 119 horas extra al volante, lo que supone 175.5 millones de euros y 187.5 millones de pérdidas anuales para las empresas.

Pero… ¿actualmente se esta implementando el peaje urbano?

No obstante, según la investigación las zonas de bajas emisiones que están creciendo en toda Europa son las menos efectivas y las que más promueve el nuevo Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, donde se apoya la adopción de estas zonas a las ciudades que tengan más de 50.000 habitantes.

Se explica que esto se debe a que se permite a los alcaldes relajar un poco las restricciones a ciertos tipos de vehículos sorteando su impopularidad, además de ser más económicas porque no conllevan a mejoras en el transporte público y se alinean con los intereses de las industrias automovilísticas, ya que contribuyen con el reemplazo de los coches más contaminantes.

Actualmente solamente cinco ciudades de Europa –Estocolmo, Gotemburgo, Milán, Londres y Palermo– tienen un peaje urbano para disminuir y prevenir los embotellamientos. En otros lugares como Nueva York y Manchester, donde se intentaron implementar modelos similares, nunca llegaron a aplicarse por la oposición pública o por falta de apoyo político de parte de los alcaldes.

Hoy en día todas las ciudades con peajes urbanos combinan de igual manera las zonas de bajas emisiones. Para los autores del estudio de Esade, implementar distintas medidas probablemente sea el sistema que ganaría mayor apoyo.

De momento, los investigadores confían que su trabajo sirva para fomentar un debate sobre cómo se puede reducir el congestionamiento y contaminación de las ciudades de España, las cuales en su mayoría superan los niveles de contaminación recomendados por la OMS.