Trasladarnos en la ciudad puede resultar todo un reto de supervivencia, ¿cuál avenida está menos congestionada a las cinco de la tarde? ¿Cuál línea del metro debo coger para llegar a tal zona?, que si vivo un extremo y trabajo al otro lado de la ciudad… ¿Os suena? Ahí les voy con la peor realidad: pasamos varias horas del día, años de vida si sumáis, en atascos.

Por esto y muchos impactos ambientales y sociales más, es clave la movilidad urbana sostenible. 

Considerando que más de la mitad de la población mundial habita en zonas urbanas y según las Naciones Unidas «las ciudades del mundo ocupan solo el 3 % de la tierra, pero representan entre el 60 % y el 80 % del consumo de energía, y el 75 % de las emisiones de carbono». El transporte es prioridad estratégica para el desarrollo sostenible, por los efectos sociales y económicos asociados y las presiones ambientales que ejerce.

Por esto, La Estrategia Española de Movilidad Sostenible del Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico, tiene entre sus objetivos alcanzar niveles de accesibilidad adecuados y homogéneos, mejorar la calidad del aire con modos de transporte sostenible, fomentar la salud ciudadana y ambiental con actividades al aire libre, etc.

El transporte sostenible no es sinónimo de vehículos eléctricos, bicicletas y patines, pero sí de que sean ambiental y socialmente responsables, por ejemplo: disminuir la dependencia de combustibles fósiles, la contaminación atmosférica y el ruido, favorece la salud humana y de los ecosistemas. 

Mientras que, al implementar patrones de movilidad inteligentes y sostenibles, para reducir los problemas de embotellamiento y estrés urbano, se tiene como consecuencia ahorro de tiempo y aumento de la eficiencia con menores costes para empresas y personas.

La calidad de vida de una ciudad se mide por la calidad de su movilidad

Cruces peatonales

El principal criterio es hacer de las ciudades, ciudades para personas, porque hasta ahora las ciudades se han desarrollado induciendo el tráfico, ensanchando avenidas y facilitando las infraestructuras para el tránsito vehicular en su mayoría particular, es decir, la movilidad entregada a los coches y por otro lado induciendo al sedentarismo, con estilos vida por demás estresantes.

Pero la movilidad y transporte sostenible plantea el diseño de estrategias y acciones donde las personas/peatones son prioridad, por ejemplo: más vías peatonales y seguras, fomento del uso de bicicletas y patinetes, transporte público eficiente, restricción de transporte de carga y vehículos en zonas.

 

En todos estos ejemplos, el criterio base es la calidad de vida de las personas, la disminución de la contaminación ambiental y la revalorización del paisaje, la reducción de costes económicos asociados a la salud, accidentes, etc.

 

¿Cómo estamos en movilidad en España?

Tomando como referencia el transporte público, redes de ciclovías, calles peatonales y niveles de contaminación; Bilbao, Valencia y Barcelona poseen los primeros puestos en el Ranking de Movilidad Urbana realizado por Greenpeace en 2019, principalmente por las medidas que se han tomado para favorecer los desplazamientos a pie, en bicicleta, y la reducción del uso del coche. 

En cambio, La Palma, Santiago y Albacete, obtuvieron los últimos puestos por el uso indiscriminado del coche pese a las distancias cortas y por carecer de planes de movilidad eficientes.

Como veis, desarrollar la movilidad y transporte sostenible es un proceso complejo, pero también una gran oportunidad para mejorar la calidad de vida de las personas y valorar el medio ambiente. Es la oportunidad para devolverle a las ciudades la convivencia.