Hace ya 50 años, en febrero de 1971, los representantes de múltiples estados se reunieron en la ciudad iraní de Ramsar, situada a orillas del mar Caspio, en donde firmaron la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, comúnmente abreviado como Convenio Ramsar.

 

Estos representantes de distintas naciones alrededor del mundo comprendían la importancia biológica y ambiental de los ecosistemas de humedales y sabían que en pro de conservarlos, era necesaria una acción internacional inmediata. Por esta razón se aliaron, con el objetivo de fomentar la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales y nacionales.

Con esta misión en mente, el convenio fue creciendo para incluir cada vez a más representantes de nuevos países. En el momento de unirse al tratado, las nuevas naciones delimitan zonas de su territorio que rodean humedales de valor internacional, estas áreas pasan a ser conocidas como sitios Ramsar y siguiendo los objetivos del convenio, se espera que sean resguardadas y protegidas con la finalidad de conservar su biodiversidad, convirtiéndose así en ejemplos de desarrollo sostenible. Las medidas específicas usadas para la protección de estos humedales queda a discreción de cada país y en caso de que un sitio Ramsar se extienda más allá de las fronteras de un país o las poblaciones de aves que protegen se extiendan a lo largo de varios humedales en distintas naciones, se busca que los estados involucrados cooperen entre sí para preservar la biodiversidad del territorio.

Esta libertad de acción que el convenio Ramsar brinda a los países que forman parte de él permite que muchas naciones en situaciones muy diferentes cooperen entre ellas, cada una dentro de sus capacidades para proteger la biodiversidad e impulsar el desarrollo sostenible. Sin embargo, no todo es color de rosas y en algunos países esta misma libertad es aprovechada para beneficio de unos pocos en detrimento de los humedales.

El descuido de los humedales

España se unió al convenio Ramsar en 1982, a lo largo de los años ha incorporado a la lista de humedales de importancia internacional 75 sitios que abarcan un área de 304 541 hectáreas y es reconocida como uno de los países más importantes de Europa con respecto a la biodiversidad. Aun así es lamentable que muchos de los sitios Ramsar que se encuentran en territorio ibérico no solo sufren de distintas amenazas, sino que además son presa de una terrible falta de compromiso por parte de las autoridades que deberían preservarlos.

Aunque la inclusión de estos humedales dentro del convenio Ramsar en teoría les confiere una mayor protección, en la práctica siguen siendo víctimas de un manejo deficiente, y en muchos casos, desinteresado, que busca vender la imagen idílica de estos parajes como recintos naturales y baluartes de biodiversidad mientras ocultan las problemas reales que crecen dentro de ellos. Este tipo de vicisitudes ha causado la pérdida total de las lagunas fluviales manchegas y la disminución peligrosa del territorio perteneciente a las marismas del Guadalquivir, entre otros daños de gran peso para la biodiversidad. Queda en evidencia que el modelo de administración actual no favorece ni a la conservación ni al desarrollo sostenible, ambas bases del convenio de Ramsar.

Por un compromiso mayor

En otros tiempos, España basó su crecimiento agrario y desarrollo económico en el aprovechamiento de cualquier territorio que pudiese aportar al esfuerzo agrícola, incluyendo a los humedales. Estas tendencias han quedado en el pasado, cuando se reconoció la vital importancia de conservar el medio ambiente y la biodiversidad junto con el gran potencial del desarrollo sostenible. 

Sin embargo, en muchos ámbitos aún no se comprende que los tratados y convenios son solo tinta sobre papel y para ver los verdaderos resultados de iniciativas como la de Ramsar es necesario un compromiso firme con el medio ambiente y con nosotros mismos.