La agricultura sostenible busca conciliar el desarrollo económico con el desarrollo social y la protección al medio ambiente.

Por otra parte, la distribución desigual de los productos alimenticios a nivel mundial origina que, por un lado se desechan grandes cantidades de alimentos, producto de manejo inadecuado, mientras que grandes sectores poblacionales en el tercer mundo pasan hambre.

El calentamiento global ha ido modificando la intensidad de los patrones climáticos en el planeta. Por ejemplo, el fenómeno climático ‘El Niño’ en América, ha modificado la intensidad de los períodos de sequía y lluvias, lo que ha obligado a cambiar técnicas agrícolas en países como Colombia y Chile orientándose al uso sostenible de los recursos naturales.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es que la mayoría de los países de la región poseen sistemas agroalimentarios técnicamente poco eficientes, nada sustentables desde el punto de vista del medio ambiente, puesto que consume muchos recursos hídricos, hay un predominio de los monocultivos y uso indiscriminado de agroquímicos y generación de gases de efecto invernadero. A esto también se le suman los altos índices de pobreza en las áreas rurales que conlleva a una migración poblacional desde el campo a las grandes urbes e incluso a otros países.

El uso de energía solar en la activación del sistema de bombeo para el riego de cultivos es una solución económica y sostenible.

Desde hace tiempo se han planteado el diseño y aplicación de diversos sistemas agrícolas sustentables que permitan un mejor uso de los suelos y los recursos hídricos. En el caso de Latinoamérica tiene relevancia el rescate de prácticas ancestrales menos cuestionables que las técnicas agrarias convencionales.

Con los sistemas de producción agrícola sustentable se persigue lograr un equilibrio entre varios factores:

      Alta productividad.

      Abastecimiento suficiente de alimentos.

      Precios razonables al consumidor

      Rentabilidad para el agricultor.

      Protección al medio ambiente.

La FAO promueve a nivel mundial los cinco principios que deben regir la agricultura sostenible:

  1.   La eficiencia en el uso de los recursos como agua, suelos y energía.
  2.   Acciones dirigidas a la protección, mejora y conservación de los recursos naturales.
  3.   Bienestar social de las comunidades ubicadas en los ambientes rurales.
  4. Aumento de la resiliencia de las personas, comunidades y ecosistemas frente a los fenómenos tan dispares como el cambio climático o la volatilidad de los mercados.
  5. Políticas gubernamentales efectivas para la sostenibilidad, tanto para los sistemas naturales como los humanos.

Algo que debe quedar claro es que agricultura sustentable y agricultura orgánica no son sinónimos. La agricultura sustentable va mucho más allá porque no excluye el uso de componentes no orgánicos, siempre y cuando su uso sea racional y de bajo impacto en el medio ambiente, incorpora las tecnologías de la información y comunicación. 

La agricultura orgánica es solo un sistema productivo que, junto a las buenas prácticas agrícolas, la agroecología y las certificaciones de sustentabilidad; formando parte del conjunto de sistemas productivos de la agricultura sustentable.