Los efectos sobre la salud del ruido son numerosos, incluso aún se desconoce el alcance nocivo que estos pueden tener. Desde hipoacusia (sordera) hasta impotencia sexual, por esto es que este se convierte en un elemento problema de salud pública que debe atenderse.

El sonido es percibido por los seres humanos hasta un grado de tolerancia, cuando esto es superado, se comienza a sufrir cambios fisiológicos que significan problemas de salud con el pasar del tiempo. El ruido es todo sonido indeseable, según OIT/OMS. Todo sonido que pueda generar malestar o lesionar es considerado un ruido, por lo tanto así sea de menor nivel, es considerado contaminación sónica, pero ¿qué repercusión puede tener esto en la salud humana?

La exposición al ruido provoca alteraciones del sueño, aumenta la presión arterial y puede conducir a enfermedades del corazón y es un importante peligro para la salud pública, según afirma un informe que presentó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2008.

La exposición prolongada a ruidos puede provocar además de hipoacusia, problemas de estrés e insomnio y esto desencadenar procesos nocivos por la actividad hormonal exacerbada, lo que para muchas personas con hipertensión o enfermedades cardiovasculares sería un determinante de gravedad, es por esto que existe una creciente asociación de identificar la contaminación sonora con cuadros graves de enfermedades cardiovasculares, primera causa de muertes en el mundo.

La intensidad del ruido se mide en decibeles (dB), y la escala corre entre el mínimo sonido que el oído humano pueda detectar, y el sonido más fuerte. La OMS considera los 55 decibeles como el límite superior deseable. Una exposición a más de 60 dB produce agitación de la respiración, aceleración del pulso y taquicardias, además de un aumento de la presión arterial y dolor de cabeza.

A más de 85 dB se produce secreción gástrica, gastritis o colitis; aumento del colesterol y de los triglicéridos, lo que puede aumentar el riesgo cardiovascular. También aumenta los niveles de glucosa en la sangre, lo que puede ocasionar graves problemas en las personas con diabetes.

 Contaminación acústica o auditiva.

La salud auditiva es tan importante como la de cualquier otro órgano, incluso allí se encuentra el equilibrio de los seres humanos. Un determinante importante a evaluar en este aspecto es que el sistema inmunológico también depende de la salud auditiva, si esta no se encuentra saludable tendremos un desorden inmunológico.

¿Cómo se explica esto?, fácil, cuando nos exponemos a ruidos nuestro organismo segrega mayor cortisol, que es una hormona segregada por la glándula suprarrenal que, entre otras cosas, eleva los niveles de azúcar en sangre, aumenta el almacenamiento de grasa en el organismo y, por consecuencia, debilitamiento del sistema inmune. Esto hace que respondamos de manera menos eficiente ante las infecciones y la respuesta inflamatoria sea más errónea.

Es importante informaros más sobre este tipo de contaminación, que pasa desapercibida, pero sus efectos son letales a largo plazo. Tomar las medidas necesarias, por ahora, es la solución más factible para mejorar la calidad de vida de todos las personas que vivimos en ciudades expuestas a este tipo de mal.

Las enfermedades más prevalentes son las de tipo cardiovascular, le siguen las metabólicas y el cáncer, todas estas entidades pudieran exacerbar y lograr colapso por influencia de la contaminación sónica. Estudios recientes han descrito que también la contaminación sonora puede afectar al pulmón y el cerebro de manera irreversible, asociado entonces al ruido con cuadros graves de EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) y Parkinson.

En España por ejemplo, por cada decibelio que sube el ruido del tráfico, aumenta 5,1 % los ingresos hospitalarios, un 9,7 % las llamadas de emergencia y alrededor de 6,5 % la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias en personas mayores de 65 años, esto según datos de EPHA (European Public Health Alliance).

Otras causas no muy frecuentes pero preocupantes, es la asociación del ruido con enfermedades mentales por lo que convierte a la contaminación sónica como un real problema ambiental que debe atenderse de forma transdisciplinaria, con mayor rigurosidad científica, legislación más comprometida con la salud humana y ambiental, además de elevar los niveles de conciencia ciudadana.