Desde que la COVID-19 provocó el confinamiento de la población, las plazas de toros han estado vacías, silenciando lo que para algunos es de las actividades más emblemáticas de la cultura española.

Pero no solo la pandemia del coronavirus pone en peligro este sangriento espectáculo, sino también el hecho de que las nuevas generaciones sienten empatía por los animales, tienen gustos muy diferentes y un mayor acceso a la información.

En el siglo XIX, el único momento en que dejaron de celebrarse espectáculos taurinos fue entre los años 1805 y 1808, a causa de la prohibición dictada por Carlos IV, que luego fue anulada por José Bonaparte a su llegada al trono para congraciarse con la población.

Pero en el siglo XX también hubo un parón forzado con la llegada de la mayor pandemia de la humanidad desde la peste negra de la Edad Media, la mal llamada «gripe española», que llegó a Europa a inicios de 1918, con los soldados americanos enviados a luchar en la Primera Guerra Mundial, y que luego se comenzaría a extender por toda España. Esta gripe desconocida y sin vacunas provocó más de 200 000 muertes en el país, por lo que el gobierno de Manuel García Prieto tomaría medidas drásticas, entre ellas el cierre del acceso a los mayores focos de contagio. 

Desde la pandemia de la «gripe española» hace más de un siglo, la actividad taurina no había cesado hasta la llegada del virus COVID-19 en 2020

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Reacción de la comunidad

Muchos toreros durante el 2020 alzaron su voz enojados por la falta de ayuda financiera del Estado, mientras las pérdidas alcanzaban los millones de euros como ocurrió con muchas otras industrias españolas. 

Vale destacar que los espectáculos taurinos proveen empleo a unas 54 ooo personas y generan aproximadamente 3 600 millones de euros anuales a la economía, según la Asociación Nacional de Organizadores de Corridas de Toros. Aun así, los matadores españoles afirman que el gobierno injustamente les ofreció una ayuda financiera de 59 000 euros, mientras que la ayuda a la industria cinematográfica, musical y teatral fue de 100 millones.

La tauromaquia ha estado en dificultades desde la crisis financiera de 2008, que mantuvo al país en una recesión durante 5 años y obligó a fuertes recortes en el gasto público. Todo esto sumado al aumento de la oposición a esa costumbre entre la sociedad española. 

Este año las pérdidas incurridas durante el confinamiento alcanzaron un total de 636 millones de euros. Muchos criadores se dieron vencidos y sacrificaron todos sus animales

El empresario taurino Alberto García Buj analiza con desazón el presente de la tauromaquia y afirma que el sector taurino o se organiza o le queda poca vida. «La pandemia ha puesto de relieve la ausencia de estructura en la tauromaquia actual, el sector está dividido y carece de una organización que lo defienda y lo promocione».

Más de 135 personas han firmado peticiones para que no se concedan fondos públicos para ayudar a esta cruel industria. «Nosotros decimos que este no es el momento para meter más dinero en las corridas de toros, es momento de acabar con esto para siempre». Dijo Laura Duarte de Pacma, un partido político que promueve los derechos de los animales.

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Por su parte el Parlamento Europeo vuelve a rechazar la tauromaquia, el pasado mes de octubre la mayoría de la Cámara votó en contra de que la política agraria común subvencione «las cabezas de ganado cuyo destino final sea la venta para actividades relacionadas con la tauromaquia» y no quiere financiar ninguna actividad de cría que tengan relación directa o indirecta con las corridas de toros, por considerarlas una práctica cruel y dolorosa para los animales. 

Diversas organizaciones ecologistas como Pacma, Ecologistas en acción y Anima Naturalis, califican como buena noticia la decisión del parlamento europeo, aunque explican que es insuficiente porque está aún pendiente la votación en el consejo europeo.

Pero cada vez existe menos afición por parte de los jóvenes, lo que en un futuro cercano puede conllevar a su desaparición.  Gracias a que vivimos en la era de la información  los niños ya saben de lo aberrante de este espectáculo.