La foca monje del Mediterráneo es considerada uno de los 10 mamíferos más amenazados del planeta y de los que quedan 700 ejemplares,  gracias a los programas de conservación en las últimas décadas.

Las colonias de foca monje se extendían por todo el Mediterráneo, Azores, Madeira, Canarias y la costa atlántica de África, pero los años de caza por su piel y su grasa, la ocupación del litoral, sin playas donde criar, y el desarrollo de pesquerías industriales, provocaron su casi extinción para luego convertirse en un símbolo de educación ambiental y de conservación.

Actualmente en el Mediterráneo solo quedan dos grupos dispersos en las islas del Mar Egeo y el Jónico. Las focas han tenido que cambiar sus hábitos de cría y, en vez de utilizar playas a cielo abierto, ahora se esconden en playas en el interior de cuevas marinas para descansar y reproducirse.

Se calcula que hay unos 700 ejemplares en todo el mundo, distribuidos en tres poblaciones aisladas entre sí. En 1997 la población de la península de Cabo Blanco sufrió una mortandad masiva por un alga tóxica y la colonia se quedó con apenas 100 ejemplares. Gracias al trabajo realizado durante 20 años con el Programa de Conservación Foca Monje, pasó de 100 ejemplares a 360 que hay actualmente, convirtiéndose en la colonia con más de la mitad de toda la población mundial. 

Las tres acciones  claves para la recuperación de la especie ha sido la creación de una reserva marítimo terrestre, el seguimiento continuo de la población y el apoyo y formación de la población local

Entre las acciones claves para la recuperación de la especie, está la creación de La Reserva Costa de las Focas que abarca 6.3 kilómetros a lo largo del litoral y protege las tres únicas cuevas conocidas de reproducción y descanso de las focas. El área está vigilada 24 horas los 365 días del año a través de 12 observatorios que realizan una vigilancia efectiva.

Años después de la creación de la reserva, no solo se ha beneficiado la población de foca monje, sino que toda la biodiversidad marina ha visto una mejoría, alejando a los pescadores furtivos y limpiando las playas y costas de basura y plásticos. Las focas empezaron a ocupar las playas y el número de crías se disparó de año en año. De una media de 26 crías al año, se ha llegado a 82 crías nacidas.

Otra de las acciones importantes ha sido la instalación de cámaras de videovigilancia desde lo alto de los acantilados, donde se encuentran las tres cuevas en las que habita la colonia. También se han realizado miles de horas de foto-identificación que han permitido identificar a los 360 individuos de dicha colonia. 

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha modificado el estado de conservación de la especie en su lista roja, de ‘críticamente amenazada’ a ‘amenazada’.

También ha influido en la recuperación de la foca monje el hecho de implicar a la población de Nouadhibou en la conservación de esta especie, así como el desarrollo de actuaciones para mejorar las condiciones de vida y trabajo de los pescadores artesanales, un programa de educación ambiental en las escuelas y otro de difusión en información general.

Los científicos conservacionistas solo han podido encontrar tres cuevas de reproducción adecuadas en todo el tramo de 400 km de costa en la bahía de Gökova. Estas cuevas deben cumplir unas condiciones de luz muy específicas y contar con una pequeña piscina protegida donde las madres pueden enseñar a sus cachorros cómo bucear y alimentarse, así como una repisa seca para dar a luz.

Zafer Kizilkaya presidente de AKD explica que «Las focas monje del Mediterráneo necesitan toda la ayuda que puedan obtener de los conservacionistas… La instalación de una repisa artificial para una foca monje es la primera en el Mediterráneo pero esperamos que no sea la última, se han identificado otras cuevas y buscaremos instalar más repisas. Esperemos que Gökova Bay sea el hogar de muchas crías de foca en los años venideros».