La gastronomía sostenible se apunta como una solución ante la crisis por la pandemia de la covid-19, luego de la problemática vivida el pasado 2020, las consecuencias a causa del coronavirus pueden intensificarse este año, ya que la pandemia continúa tan viva como hace un año.

En este sentido, los alimentos que consumamos son pieza fundamental para que exista un impacto positivo tanto para el medio ambiente como para la actual crisis de la pandemia.

Existen muchas acciones que se pueden realizar para combatir el cambio climático y los diversos efectos que se derivan de ello, pero hay un hecho que no tomamos en consideración, es tan simple y cotidiano que pareciera que no tuviera ningún impacto sobre este problema global: El cómo nos alimentamos afectará en mayor o menor proporción al medio ambiente en el cual vivimos.

Obtener alimentos más naturales y menos procesados no solo ayudan a mejorar la salud, sino que también tienen una repercusión más positiva para el planeta, menos envoltorios de plástico aseguran que al momento de ser desechados, no vayan a terminar en playas, mares océanos, y por ende, no existirá afectación de las especies marinas.

La gastronomía sostenible contribuye notoriamente al desarrollo agrícola, la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y la producción sostenible y en este momento de crisis es de suma importancia que pongamos en práctica las consideraciones que aportan esta actividad.

Hábitos de la gastronomía 

Si bien la gastronomía nos enseña cómo preparar una buena comida, sin dejar de lado los alimentos y la cocina de un lugar, la sostenibilidad no estará aislada de este hecho, ya que esta busca que la agricultura, pesca o inclusive la preparación de una comida se ejecuten con el aprovechamiento óptimo de los recursos naturales sin que se vean afectadas la disponibilidad para las generaciones futuras.

Por esta razón, «la gastronomía sostenible no solo engloba la elaboración del plato, sino que también considera el origen de los ingredientes, cómo se cultivan y cómo llegan a nuestros mercados». No hay que ser distante con esta acción y pensar que desde casa no podemos ponerlo en práctica, sino más bien el hecho de ajustarnos a esta nueva realidad.

El cambio de hábitos, la forma de consumir e inclusive de cómo cocinamos en casa, marcan una diferencia notable tanto en el medio ambiente como en nuestra salud

En estos momentos de confinamiento, se pueden realizar las adecuaciones a nuestra cotidianidad y con ello establecer un cambio que contribuya a la disminución del cambio climático ejemplo de esto es:

Realizar las compras de sus alimentos en las áreas aledañas a donde reside, por lo que no tendrá que moverse ni en su coche ni en transporte público, además de apoyar el desarrollo económico de la zona en la que vive.

Elaborar un menú que le permitirá ajustar las compras, gastará justo en lo que necesita y no en productos que terminen dañándose o que impliquen que deban ser mantenidos de manera especial, reduciendo los desperdicios alimentarios al máximo.

Reducir el consumo de agua, ya que es uno de los recursos más limitados y de importancia para el ser humano, hacer uso adecuado de él además de evitar que contamine son puntos que definitivamente marcan la diferencia.

Por último, siempre apuesten por productos ecológicos más orgánicos y que el embalaje de los mismos utilicen la menor cantidad de plástico posible, y por consiguiente, al momento de que se han desechado puedan ser reciclados nuevamente.

Todas estas pequeñas acciones, tienen un impacto tanto en la conservación del medio ambiente, como en la lucha del cambio climático, cada uno somos responsables de minimizar nuestra huella de carbono en el planeta.