El océano representa el 90 % de espacio habitable en el planeta y el fondo marino es un universo no descubierto, rico en biodiversidad, servicios ecosistémicos y recursos minerales que comienzan a codiciarse.

Son las llamadas minas submarinas las que preocupan. De llevarse a cabo de forma comercial, la extracción minera podría causar grandes e irreversibles daños en las superficies submarinas, destrucción de ecosistemas, interrupción de procesos naturales, contaminación por metales pesados y residuos mineros, etc. En realidad, hoy por hoy, no se sabe con certeza cómo predecir el impacto ambiental y las magnitudes del mismo.  

Razón por la cual la Coalición para la Conservación de los Fondos Oceánicos ha pedido a los líderes mundiales que apoyen la moratoria en la extracción minera de los fondos marinos. De hecho, la pesca de arrastre y la minería son las principales amenazas para la biodiversidad de los océanos.

ESPAÑA EN EL PUNTO DE MIRA

La minería en aguas profundas es el proceso de extracción a cielo abierto y de succión de los depósitos minerales del fondo marino.  Aún no se practica a gran escala, pero se siguen realizando estudios exploratorios con el fin de desarrollar esta práctica en un futuro próximo. 

En España, algunos montes submarinos de Canarias, Galicia, Cantabria, Golfo de Cádiz y Mar de Alborán cuentan con depósitos metálicos de potencial interés económico de cobalto, litio y tierras raras, entre otros.  

De hecho, en Canarias, el buque de investigación británico James Cook ha realizado estudios en el monte Tropic, a 463 km al suroeste de El Hierro y grupos conservacionistas como Ecologistas en Acción han alertado que esto significa una agresión a los hábitats prístinos submarinos que incluyen especies vulnerables de corales y campos de esponjas.

Estos, son ecosistemas extremadamente delicados que carecen de protección ambiental, ya que se encuentran más allá de la Zona Económica Exclusiva.

El interés de varios Estados por los depósitos próximos a las Islas Canarias se debe a la presencia de ferromanganeso, zonas de fosforitas, nódulos de manganeso, depósitos de sulfuros masivos, níquel, cobre, niobio, vanadio, tierras raras, itrio, hafnio y elementos del grupo del platino. Incluso se estima una cantidad de 2 600 toneladas de telurio en el monte Tropic.

Otro punto de interés minero se ubica entre el Golfo de Cádiz y el mar de Alborán, donde se encuentra una serie de depósitos de costras de ferromanganeso y chimeneas carbonatadas cerca del litoral, su origen particular proviene de la erosión y arrastre de la actividad minera en tierra, que llega al mar por la desembocadura de los ríos. De manera curiosa, el río Tinto y el Odiel transportan el 47 % del zinc y el 15 % del cobre aportado por los ríos del mundo a mares y océanos. 

UN IMPACTO SILENCIOSO

Mientras el país descarboniza su energía, florecen los proyectos de minería extractiva, ejerciendo presión política para desarrollar abiertamente la minería submarina, siendo el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) el organismo más influyente en la promoción de la minería submarina en España.

A pesar de prever algunos efectos asociados a esta práctica, como efectos de los tóxicos de nubes de metales pesados en la cadena trófica, la liberación de gases de efecto invernadero, la destrucción irreversible de la biodiversidad marina, entre otros.

Como no se tiene pleno conocimiento de todo lo que el océano hace por el planeta, y hasta qué punto se debe conservar, las decisiones sobre su aprovechamiento no deben hacerse de forma irresponsable, primando beneficios económicos sobre ambientales, sino por el contrario, se deben realizar estudios y evaluaciones para dar valor a lo verdaderamente importante.