Unas quince organizaciones ambientales de España y Portugal se alegran por esta ligera recuperación, pero rechazan hablar de recuperación de la especie, porque la biomasa total es tan baja que la incertidumbre se incrementa.

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES), acaba de respaldar lo que viene diciendo el sector desde hace meses: la recuperación de la sardina ibérica evoluciona positivamente.

El organismo científico dio a conocer sus recomendaciones de posibilidades de pesca para 2021, a petición de España y Portugal, con unos resultados que confirman la progresiva recuperación del stock tras los duros esfuerzos realizados en los últimos años. Según el ICES, la biomasa de sardina para 2021 sería de 351 159 toneladas, frente a las 184 137 de 2020.

Aún cuando los datos de la biomasa son esperanzadores, la recomendación TAC para 2021 queda lejos de las aspiraciones de la flota y opta por la prudencia, ya que aún la especie no se encuentra fuera del peligro de extinción. 

Organizaciones como WWF España, SEO/Birdlife, Ocena, Liga para la Proteção da Naturaleza, el Observatorio do Mar das Azores y las otras restantes, se alegran por esta ligera recuperación, pero también piden que se permita crecer a las nuevas especies juveniles detectadas, para que aseguren la continuidad  y la restauración de la población cuando sean adultos. 

También recalcan dichas organizaciones que «Los océanos son uno de los grandes aliados en la lucha contra el cambio climático y la necesidad de conservar y restaurar los ecosistemas marinos es más urgente que nunca».

«Es importante adoptar estrategias de recuperación para asegurar las poblaciones de sardina ibérica y una vez recuperada la especie, implementar un modelo de gestión serio y precautorio».

Pero no solo la sobrepesca es el motivo para la restricción de capturas, los microplásticos también atentan contra la fauna marina, pero principalmente contra las especies pequeñas como la sardina.

Los nuevos análisis y modelos publicados por la FAO, con la colaboración de más de un centenar de científicos, proyectan que para el 2050 el cambio climático habrá alterado la productividad de muchas de las pesquerías marinas y de agua dulce del planeta, afectando los medios de subsistencia de millones de personas pobres en el mundo.

Muchos científicos piensan que aunque dejáramos ahora mismo de pescar la sardina ibérica, no hay ninguna garantía de que vuelva a recuperar su área de distribución histórica en España y Portugal. En California pasó algo parecido a mediados del siglo XX, e hicieron falta 25 años para alcanzar unas poblaciones aceptables.

Si en España se llegara a tomar una medida parecida, dejar de pescarlas sería una tragedia para las miles de familias que viven de la pesca. La sardina ibérica es un manjar al alcance de casi todos los bolsillos, pero va de camino a convertirse en un lujo como la merluza, la langosta y el caviar.

La sardina ibérica puede acabar siendo un pescado más caro que la merluza y ni hablar del precio que alcanzarían las sardinas más pequeñas y apreciadas de Galicia, las famosas xoubas o parrochas.

Portugal es el primer país consumidor de pescado de la UE y el tercero del mundo después de Islandia y Japón. Los portugueses comen 55 kilos anuales, frente a los 46,2 de los españoles, quienes ocupan el segundo puesto. 

La sardina es el pez preferido en Portugal y el segundo en España, después de la merluza, según recoge el Observatorio Europeo de Productos de Pesca. Aunque en el exterior se identifica a Portugal con el bacalao, la sardina es el primer pescado fresco y el símbolo de su capital.

El ICES solo ve la posibilidad de que esta población marina se recupere dejando de pescarla durante 15 años. «Es una recomendación científica, que no se ha tomado a la ligera. Ahora, Europa deberá valorar los efectos sociales y económicos de la decisión», aseguran en el organismo. 

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