Pese a todo el dolor y la incomodidad que pueda causarnos, es una realidad científicamente demostrada que los aportes antropogénicos de gases de invernadero han aportado significativamente al agravamiento de la neutralidad climática.

Sin embargo, este conocimiento por amargo que pueda ser, nos ayuda a comprender mejor la magnitud de la crisis que nos rodea.

Es imposible revertir los efectos del cambio climático de manera inmediata, pero a futuro podemos limitar su magnitud si dejamos de realizar aportes, y la mejor manera de hacer realidad esta meta es alcanzando uno de los principales objetivos de la sostenibilidad: la neutralidad climática

La neutralidad climática, llamada a veces neutralidad de carbono, es un estado en el cual el aporte neto de gases de invernadero al medio ambiente causado por nuestras actividades y proyectos es nulo.

Es decir, que cualquier liberación de gases de invernadero no constituya ningún aporte al cambio climático, bien sea por ser de un volumen ínfimo o porque otras actividades disminuyen la concentración de gases en la atmósfera lo suficiente como para compensar cualquier aporte que sea consecuencia de las actividades antropogénicas.

Alcanzar tal estado no es para nada sencillo, pero desde el punto de vista de la sostenibilidad, es un esfuerzo que debe acometer con el fin de limitar la magnitud del cambio climático en el futuro.

Muchas empresas, instituciones y hasta naciones de distintos tipos se encuentran justo ahora tomando acciones para garantizar que en los años próximos nuestra atmósfera se encuentre un poco menos saturada de gases de invernadero.

Compensar y reducir

Tal y como se describió anteriormente, existen dos maneras principales de alcanzar la neutralidad climática, la compensación y la reducción de las emisiones.

La primera manera se basa en balancear los aportes de gases de invernadero que se hacen a la atmósfera con otras acciones que sirven para disminuir la concentración de estos gases en el ambiente para que el aporte neto de las emisiones para el cambio climático sea nulo.

Este es el caso de empresas y entidades que siendo incapaces de disminuir sus emisiones optan por realizar proyectos de reforestación, captura de carbono atmosférico y otras actividades similares que reducen la concentración de los gases de invernadero.

En la otra esquina tenemos el caso de la reducción, que apunta de manera directa a minimizar los aportes de gases de invernadero a la atmósfera.

Esto se logra mediante una serie de cambios a la manera en la que realizamos nuestras actividades económicas que van desde la utilización de formas de energía renovables hasta los cambios en técnicas y operaciones que permitan operar de una manera más eficiente al mismo tiempo que se reducen las emisiones de gases de invernadero.

Aunque reducir las emisiones a cero puede resultar bastante difícil por este medio, resulta innegable su eficacia a la hora de disminuir enormemente el aporte de las actividades antropogénicas al cambio climático.

Lo mejor de dos alternativas

Pero como suele ocurrir, la mejor alternativa suele ser tomar lo mejor de ambas propuestas. Muchas compañías apuestan por las energías renovables como una manera directa de reducir sus aportes al cambio climático y apoyar la descarbonización del sector empresarial, mientras tanto optan por compensar los aportes de gases de invernadero de los que no pueden prescindir todavía para alcanzar la neutralidad climática.

Estás empresas exhiben la flexibilidad y adaptabilidad que serán necesarias para materializar a futuro las metas de la sostenibilidad.