Solemos pensar en los sectores empresarial e industrial como una especie de antítesis del ecosistema, bastiones de hormigón y metal que existen para tomar las materias primas del mundo natural y procesarlas hasta que se convierten en productos refinados carentes de cualquier semejanza con su estado original.

Sin embargo, está visión sesgada no refleja del todo la verdad de nuestro mundo pues las empresas no dejan de estar dentro del ecosistema y aunque le afectan de manera severa no puede negarse que el destino de ellas sigue ligado al del mundo natural.

En la época moderna que vivimos, es necesario que las propias empresas se adapten si desean ser exitosas y superar las exigencias de un mundo que necesita pasar rápidamente de un paradigma basado en el consumo desmedido a otro que se sustente en los principios de la sostenibilidad.

En estás condiciones las únicas empresas que podrán prosperar serán aquellas que sean sostenibles.

Las empresas sostenibles son aquellas que buscan mantener en sus prácticas, productos y servicios una filosofía de sostenibilidad basada en aprovechar los recursos de los ecosistemas causando el menor impacto posible y reduciendo hasta el límite los efectos secundarios que sus operaciones puedan causar sobre el medio ambiente.

Con sus acciones estás empresas apoyan un nuevo modelo económico que no solo se propone dejar atrás la economía de consumo que nos ha rodeado durante las últimas décadas, sino también pavimentar el camino hacia una nueva sociedad libre de carbono que permita alcanzar nuevas cotas de desarrollo y prosperidad sin poner en riesgo el bienestar de los ecosistemas o la calidad de vida de la población humana.

Éxito sostenible

Alguien cínico y mal informado podría argumentar que las empresas sostenibles son un penoso ejemplo de sentimentalismo idealista, y que se encuentran destinadas a fracasar ante competidores con menos escrúpulos.

Sin embargo, las empresas sostenibles han demostrado una mayor tendencia a tomar en cuenta los ámbitos ecológicos, sociales y gubernamentales que las rodean a la hora de tomar decisiones.

Esta cualidad les confiere un mejor tiempo de respuesta ante los cambios del panorama y les permite gestionar mejor sus recursos a lo largo del tiempo.

Ambas ventajas resultan muy favorables en la situación incierta y compleja que nos rodea. Cuando el ecosistema enfrenta una crisis los organismos más adaptables suelen triunfar por encima de sus competidores.

Además de esto, las empresas sostenibles resultan mucho más llamativas para los inversores en un mundo que se orienta hacia una dependencia cada vez menor de los combustibles fósiles y un creciente uso de energías renovables.

La sostenibilidad es vista como un valor fundamental en el panorama empresarial actual y su rechazo implica una perdida de valor, credibilidad y reputación que solo se agravará a medida que el tiempo pase.

Confianza en las empresas sostenibles

Lo cierto es que vivimos un momento histórico en el cual corresponde a las empresas dar el paso siguiente hacia una economía sostenible.

Aunque para dar tal paso, dichas empresas necesitan el apoyo y la participación de los sectores políticos y ciudadanos.

Es entonces nuestro deber apoyar a las empresas en su camino hacia la sostenibilidad y el bienestar común perdurable para todo el ecosistema de la tierra.