Actualmente nuestra filosofía de trabajo se basa en gran medida sobre la producción de bienes y servicios de consumo, de tal manera que ocupamos a una parte sustancial de la población para producir las comodidades que toda la humanidad con metodos que no son sostenibles precisamente.

Durante las últimas décadas, la mayor parte de las facetas de nuestra sociedad se han moldeado alrededor de la filosofía de la producción en masa, un principio sencillo que conlleva una gran cantidad de implicaciones de las cuales algunas de las más interesantes toman lugar en el ámbito laboral.

Hasta este punto nuestro modelo de trabajo no tiene nada que le ponga en conflicto con la sostenibilidad, pero ¿qué sucede cuando la producción alcanza el nivel necesario para llenar las necesidades de la población?

Es una pregunta interesante, después de todo si los niveles de producción bastarán para cubrir las necesidades de la humanidad ya hubiésemos superado el hambre del mundo.

Aún así cada año aumenta la producción y no parece que estemos más cerca de suplir las carencias de nuestra especie.

Esto se debe justamente a nuestra forma de consumo, la gran mayoría de los servicios y productos generados por el trabajo de las personas deben ser comercializados de una u otra manera.

Todo esto lleva a que la producción del sector de manufactura se dirija hacia ciertos productos que ofrecen las mejores ganancias, después de todo las compañías necesitan generar utilidades para mantenerse a flote.

El resultado es que el mercado se sature con ciertos tipos de productos generados por una producción desigual que no cumple con las necesidades de la población humana, y da pie a un volumen alarmante de producción excedente, es decir, productos o servicios que no son consumidos y terminan desperdiciando.

De esta manera las empresas que se desempeñan mejor en el mercado aumentan su producción año tras año, mientras que aquellas que se quedan atrás suelen tener que reorientarse hacia otros tipos de productos.

Lo que esto significa a nivel de trabajo es que cada año aumenta la carga laboral sobre los empleados y que su trabajo realmente no sé correlaciona con las necesidades sostenibles de la humanidad.

Alimentando a la máquina

Sin embargo, existe otro problema aún más serio con nuestro modelo de producción y consumo que solo se hace aparente cuando observamos el panorama completo.

Resulta evidente que cada uno de estos productos necesita de una materia prima para ser elaborados, igualmente su proceso de refinación y manufactura requiere de otras sustancias, además de energía.

Muchas veces se requiere pensar también en los pormenores de su traslado o la infraestructura que van a requerir. 

Para ir directo al punto, no hay manera de que una producción excedente tan grande de bienes y servicios sea sostenible desde el punto de vista de la ecología.

Ya hemos llegado al momento de la historia en el que se ha hecho evidente que no podemos seguir consumiendo recursos de manera irreflexiva y debemos afrontar el hecho de que nuestro sistema de producción, y la estructura de trabajo que hemos construido a su alrededor no son, y nunca han sido, sostenibles a largo plazo.

Trabajo que suple a la población de formas sostenibles

Por eso es tan importante cambiar la forma en la que enfocamos el trabajo en el sector de producción, pasando de un paradigma en el cual se persigue la productividad bruta a uno nuevo que empleé a la mayor parte de la población y asegure que se produzca lo necesario para cubrir las necesidades de nuestra civilización sin poner en riesgo su supervivencia a largo plazo.

La sostenibilidad nos enseña que no solo debemos trabajar más duro sino que también emplear mejor nuestro trabajo.