Lesiones pulmonares
El coronavirus afecta al sistema respiratorio

En plena pandemia, con un número de casos creciente en Andalucía, y la “nueva normalidad” tomando forma ante nuestros ojos, es importante mantener la calma y la perspectiva.

Cada vez se hace más común la historia de una persona, tal vez un vecino o conocido, que despierta un día con los fatídicos dolores y la tos seca. Después del susto inicial, la persona toma las debidas precauciones, y dos o tres semanas más tarde se nos presenta como nuevo, habiendo sobrevivido a la infección.

Este tipo de experiencia nos puede dar la idea de que la COVID-19 solo presenta un riesgo a corto plazo, y que una vez que nuestros cuerpos superen la enfermedad inicial estaremos libres de peligros y secuelas. Sin embargo, con el paso del tiempo, y los avances en la investigación, se hace evidente que esto no siempre ocurre, y que un número creciente de personas padecen complicaciones en mayor o menor nivel durante las semanas posteriores a su afección.

Las secuelas más comunes de la COVID-19

Es un hecho bien sabido que las infecciones causadas por los patógenos pertenecientes al grupo de los coronavirus pueden generar secuelas y complicaciones que afectan al organismo mucho tiempo después de que la enfermedad desaparezca, y la COVID-19  parece compartir esta cualidad.

La principal secuela reportada entre los pacientes recuperados es una prolongación de los síntomas más notorios en los días y semanas posteriores a la recuperación. Muchos afectados se quejan de que los dolores musculares, la fatiga crónica y las dificultades respiratorias persisten después de que las pruebas de laboratorio señalen que han superado el virus, afectando su retorno a la vida previa.

A esto se suman otras secuelas más severas, y que en ciertos casos pueden llegar a ser incapacitantes. En esta categoría se encuentran aquellos infectados que desarrollan lesiones en su sistema respiratorio o circulatorio, con las que tendrán que lidiar por separado en las semanas y meses siguientes. Además, este grupo también incluye a aquellos que han desarrollado síntomas psicológicos debido a la gran cantidad de estrés que conlleva el tratamiento y la recuperación, dando lugar a cuadros de insomnio, depresión, ansiedad e incluso complicaciones similares a las causadas por Síndrome de Estrés Post-traumático, que le impiden a los afectados volver a sus rutinas. 

 

Estas secuelas hacen que en muchos casos el periodo de convalecencia de los infectados se extienda más de lo anticipado, lo que conlleva a un mayor consumo de tratamiento, y una disminución de su estado anímico y calidad de vida.

¿Cómo podemos enfrentar estas secuelas?

Hay mucho sobre la COVID-19 que se desconoce aún, incluyendo sus efectos a largo plazo sobre la salud. Sin embargo, como se menciona al inicio del artículo, es primordial mantener la calma y la perspectiva; existen centros de investigación alrededor del mundo dedicados al estudio de los pacientes que han superado la enfermedad, con la finalidad de establecer definitivamente el mejor tratamiento para prevenir estas secuelas.

Por lo pronto, nuestro mejor curso de acción es cuidarnos mutuamente formando una red de apoyo con nuestros amigos, conocidos y vecinos, de tal manera que podamos brindar ayuda a aquellos que más la necesiten. Actos tan sencillos como hacerle las compras a una persona que aún experimenta dolores y fatiga, conversar con un amigo que se siente presionado por el estrés y la ansiedad, o ser más flexibles con nuestros empleados, pueden ayudar mucho a que las personas afectadas por estas complicaciones del virus recuperen su salud y su alegría.