La enfermedad producida por el virus identificado como SARS-COV-2, que según la clasificación internacional de las enfermedades (CIE) se titula como COVID-19, ha cobrado desde finales del 2019 hasta nuestros días miles de vidas humanas y se ha propagado en 188 países del Planeta, declarada Pandemia por la Organización Mundial de la Salud (O.M.S), ha despertado el interés casi irrenunciable de expertos y científicos de todas las disciplinas en todo el mundo.

No hay dudas de lo difícil que ha resultado para la ciencia dar con precisión con los factores que pueden hacer letal esta enfermedad, debido a los resultados o porcentajes heterogéneos que existen sobre todo en Europa. Países como el norte de Italia, Francia, España y el Reino Unido han sufrido 5 veces más muertes por la infección por el virus de la corona que países vecinos como Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca en relación con el tamaño de sus respectivas poblaciones.

Hay factores que muestran evidencia de la correlación entre los niveles de contaminación del aire, como el NO2 (Dióxido de Nitrógeno), que afecta la función inmunológica en humanos, también está la influencia de los pesticidas, las dioxinas, y la cloración del agua potable, como factores que han influido en las presentaciones graves de la enfermedad por el nuevo coronavirus.

Hay que destacar que mucho se ha dicho de los factores genéticos predisponentes que aún no son concluyentes, también las enfermedades preexistentes como Diabetes e Hipertensión, pero en estos países Europeos son similares, así como la población de tercera edad, aún así no se pueden explicar las disparidades entre los países europeos y sus tasas de letalidad. Las medidas de contención también han estado ajustadas, por eso no quedan dudas de la influencia cada vez más evidente de los factores ambientales y la contaminación, que no sólo guarda relación con la letalidad en esta pandemia, sino con otras enfermedades en el mundo.

Un reciente estudio titulado ¿Existe un papel para los factores ambientales y metabólicos que predisponen al COVID-19 severo? Describe particularmente a estos elementos, veamos detalladamente cuáles podrían ser estos:

Sugerimos que el uso de agua potable clorada y / u otros contaminantes ambientales podrían desempeñar un papel clave en la variación de la susceptibilidad a la contracción de la infección grave por el virus de la corona en estos países occidentales. En África, América del Sur y Asia, el agua del grifo no es apta para beber debido a la contaminación y las condiciones higiénicas generales, que difieren mucho del mundo occidental”.

SARS-COV-2

Por el contrario, en todos los países del mundo occidental el agua se puede utilizar para beber del grifo. Sin embargo, existe una diferencia crucial. Mientras que en países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España e Italia el agua del grifo está altamente clorada, países como Alemania, Austria, Suiza y Escandinavia se abstienen de clorar el agua potable. De hecho, encontramos una intrigante correlación de la tasa de cloración del agua del grifo en diferentes países con la incidencia de la gravedad de la enfermedad COVID-19. Los países que no han estado exponiendo a sus poblaciones a altos niveles de agua clorada en la última década presentan una tasa de mortalidad de 2 a 20 veces menor en la pandemia actual”. (1)

El agua clorada puede afectar gravemente al sistema inmunológico, actualmente existe suficiente evidencia al respecto, por ejemplo el cloro gaseoso es una potente toxina pulmonar, que produce daño oxidativo, activa células inflamatorias y una hiperreactividad de las vías respiratorias como efecto, vincular esto a un hecho fisiopatológico como la tormenta de citoquinas (respuesta inmune de la COVID-19) no sería descabellado.

La peroxidación lipídica es un evento de daño importante en el pulmón y puede afectar críticamente la capa superficial de las vías respiratorias y su capacidad tensoactiva”.

Cuando el agua se desinfecta con cloro y se ingiere, clora y broma, se forman acetatos de bromocloro mixtos. Investigaciones con animales de experimentación informaron de un efecto supresor del agua potable a base de cloro sobre la función de los macrófagos. Los haloacetatos, tricloroacetato, dicloroacetato y sus análogos bromados inducen la peroxidación de lípidos hepáticos, y el hígado suele considerarse el objetivo de los procesos de peroxidación de lípidos relacionados con el agua clorada. La liberación de toxinas lipídicas puede aumentar por la enfermedad hepática impulsada por el SARS-CoV-2, que es más prevalente en la enfermedad sistémica COVID-19 más grave”. (1)

Es evidente entonces, que el agua clorada puede afectar la función inmunológica, además se sabe que la enfermedad por COVID-19 depende de la respuesta inmune para poder curarse, es por esto como vemos en las presentaciones más graves fallas multi órganos y actividad inmunológica exagerada, que poco responde a la terapéutica y desenlace letal.

Es decir, aunque esto pudiera ser coincidencia, es una hipótesis que se acerca a una realidad heterogénea compleja de explicar, hasta el momento es lo que más acierta con los resultados variables en las tasas de mortalidad y comportamiento estadístico del SARS-COV-2, pero existen otros elementos que podemos extraer de este importante estudio.

Interesante factor a evaluar en los sectores técnicos de evaluación de la calidad del Agua Potable, por ejemplo, el próximo año se estará llevando la CETA2021, reunirá a los más altos responsables de las Administraciones Públicas con competencias sobre el ciclo integral del agua, organizado por el Congreso Español de Tratamiento del Agua, en el que además de España, existe participación de expertos de Latinoamérica.

Hay factores intrínsecos en los seres humanos que pudieran activarse con influencia del medio ambiente y lo agentes contaminantes, entre ellos podemos destacar unos que han surgido a la luz en la actual pandemia, estos son los “Diruptores Endocrinos”; “Un disruptor endocrino no es más que; “una sustancia presente en el medio ambiente, alimentos y productos de consumo que interfiere con la biosíntesis, metabolismo o la acción hormonal, provocando una desviación del control homeostático o reproducción normales” según la declaración de la Sociedad Científica de Endocrinología, además la Sociedad Americana de Endocrinología la defino así: “agente exógeno que interfiere con la síntesis, secreción, transporte, metabolismo, unión, acción o eliminación de hormonas naturales presentes en el organismo y que son responsables de la homeostasis, reproducción y procesos de desarrollo”. (2)

Un disruptor endocrino de mucha presencia ambiental son las dioxinas, estas pueden almacenarse por ejemplo en la grasa animal, que luego es consumida por los seres humanos, además la exposición de las dioxinas al cloro y otros procesos industriales, potencian sus efectos tóxicos, vemos como hoy una de las causas directas de Diabetes tipo 2 es la exposición a las Dioxinas.

Las dioxinas son fundamentalmente subproductos de procesos industriales, pero también pueden producirse en procesos naturales como las erupciones volcánicas y los incendios forestales. Las dioxinas son subproductos no deseados de numerosos procesos de fabricación tales como la fundición, el blanqueo de la pasta de papel con cloro o la fabricación de algunos herbicidas y plaguicidas. En cuanto a la liberación de dioxinas al medio ambiente, la incineración descontrolada de desechos (sólidos y hospitalarios) suele ser la causa más grave, dado que la combustión es incompleta. Existe tecnología que permite la incineración controlada de desechos con bajas emisiones”.

A fines de 2008 Irlanda retiró del mercado muchas toneladas de carne de cerdo y productos porcinos, porque se detectó que las muestras analizadas contenían hasta 200 veces más dioxinas que el límite de inocuidad prescrito. Esta investigación dio lugar a una de las mayores retiradas del mercado debidas a contaminación química”.

En un grave accidente registrado en 1976 en una fábrica de productos químicos en Seveso (Italia) se liberaron grandes cantidades de dioxinas. La nube de productos tóxicos, entre los que se encontraba la TCDD, acabó contaminando una zona de 15 km2 con 37 000 habitantes”. (2)

Esto sólo por citar ejemplos publicitados de eventos de exposición y contaminación por Dioxinas ocurridos en países Europeos, fuertemente golpeados por la letalidad de la COVID-19. En Bélgica, por ejemplo, la Letalidad ha llegado al 16%, y en Italia, se ha acercado al 15%, con meses manteniendo el mismo nivel.

Queda una reflexión y muchas interrogantes que resolver aún, con respecto a la influencia del medio ambiente y la letalidad de esta Pandemia. Lo que sí es cierto es que al no tomar medidas urgentes, poblaciones seguirán siendo golpeadas por virus en años próximos.