Se ha vuelto común recibir por correo una caja desde el otro lado del mundo. Es sencillo hacer envíos y recibir paquetes transportados en barco. Tan solo basta revisar las etiquetas rápidamente para darse cuenta del alcance del comercio marítimo; alimentos, productos y materiales de todo tipo circundan el globo terráqueo en una danza que no se detiene.

El mundo está conectado a través del transporte marítimo, y tal como soplan los vientos, para los próximos años este medio de transporte seguirá en auge, por consiguiente, resulta fundamental volverlo ambientalmente seguro y eficiente a bajo coste.

Dado que «más del 80 % del comercio se realiza por la vía marítima», y además este transporte sirve a miles de personas para llegar a sus destinos o vacacionar, es lícito y necesario preguntarnos ¿cuánto contamina el transporte marítimo?

En primer lugar, es importante destacar que las emisiones de gases de efecto invernadero como el dióxido y el monóxido de carbono son significativas, cuyos efectos en el ambiente son globales y contribuyen al cambio climático. 

Sin embargo, las emisiones de gases contaminantes, principalmente óxidos de azufre y nitrógeno son el problema más urgente por solventar. Tan solo un buque grande produce el equivalente de azufre de 50 millones de coches. Estos gases acidifican el agua y el suelo por medio de la lluvia ácida, que además supone el deterioro del patrimonio arquitectónico de las ciudades.

 

«El conjunto de la industria naval es responsable de aproximadamente el 2,2 % de todas las emisiones mundiales de gases contaminantes con unos 800 millones de toneladas al año», Naciones Unidas, 2019.

Otro impacto, son los problemas respiratorios ocasionados por la emisión de materia particulada. Ciudades como Barcelona y La Palma sufren estos efectos por la afluencia de cruceros. Por otra parte, los buques son responsables de introducir especies de bacterias, animales y plantas exógenas o invasoras en los ecosistemas que van recorriendo, por el vertido de las aguas de lastre. La descarga de estas aguas residuales en puertos representa un riesgo para la salud de los seres humanos y para la vida marina, por el asentamiento de organismos acuáticos perjudiciales, agentes patógenos y sedimentos.  

Así mismo, los derrames de hidrocarburos, restos de carga, residuos domésticos, aparejos y contenedores traen consigo impactos considerables que se deben evitar. 

¿Cómo reducir la contaminación del tránsito marino?

Las regulaciones y normativas que se están desarrollando bajo la dirección de la Organización Marítima Internacional, la Unión Europea, entre otras, incluyen límites de emisiones y pagos o compensación por emisiones, exigiendo y acelerando la aplicación de medidas técnicas y operativas para mitigar los impactos socioambientales. En la gama de alternativas para mitigar la contaminación, la reducción de la velocidad y por tanto del consumo de combustible, es la más sencilla y rápida de implementar.

También, la mejora en el diseño del motor y casco de los buques permitiría una mejor eficiencia. Otra medida es el uso de tecnologías para hacer buques transbordadores eléctricos o híbridos, como el proyecto de transbordadores Color Line en Noruega.

De igual forma, el uso de biocombustibles, hidrógeno, gas natural y propulsión asistida por el viento son opciones a desarrollar en los próximos años.

Mientras que, entre las alternativas para reducir las partículas, está la instalación de filtros de lavado, de reducción catalítica y sistemas de recirculación de gases de escape. En cuanto a las aguas de lastre, es indispensable contar con sistemas de tratamiento de agua en las etapas de lastre, que pueden consistir de procesos de filtrado, tratamiento químico y exposición a rayos UV.