La contaminación atmosférica se ha revelado como una de las grandes amenazas para la salud que se ciernen sobre nuestro mundo moderno. La imagen de grandes ciudades envueltas en nubes de contaminación que afectan la ecología y el bienestar de animales, hombres, mujeres y niños se ha vuelto dolorosamente común y con ella se han normalizado los efectos del aire contaminado sobre la salud.

A diferencia de otras formas de contaminación, la del aire se caracteriza por ser omnipresente. Dentro de una zona urbana afectada todas las personas son susceptibles a los daños causados por los contaminantes en el aire.

Sin embargo, vale la pena tener en mente un detalle vital, pues aunque los contaminantes dispersos en el aire afectan a toda la población de un lugar dado, incluyendo por supuesto a animales y plantas, no los afecta a todos de la misma manera.

Basados en sus costumbres, estilo de vida, condición física y antecedentes previos, las personas se dividen en grupos concretos cuya salud puede ser afectada de manera más o menos severa por la contaminación atmosférica.

Este hecho permite que se estime cuáles partes de la población son más vulnerables ante la amenaza de una atmósfera viciada, dando lugar a una sólida tendencia que apunta hacia niños y ancianos como los grupos peor afectados.

No obstante, los niños en edad escolar se encuentran en un estado particular de amenaza dentro estos sectores.

Niños afectados por la contaminación en los colegios

Como siempre este tipo de aseveración trae consigo la pregunta de que hace a este grupo más vulnerable que los demás, interrogante cuya respuesta yace en una serie de condiciones que interactúan de manera nefasta.

En primer lugar es preciso tener en mente que todos los niños se encuentran fuertemente amenazados por la contaminación atmosférica, ya que se ha demostrado científicamente que algunos de los contaminantes más comunes en el aire de las grandes ciudades afectan el desarrollo de sus estructuras respiratorias y neurológicas, un ambiente degradado da lugar a un desarrollo comprometido tal y como nos enseña la ecología.

El otro problema de los jóvenes en edad escolar es que sufren de un alto grado de exposición a la atmósfera contaminada. La necesidad de movilizarse diariamente les expone a la contaminación propia de las horas pico de circulación.

Estudios recientes apuntan a que la concentración de contaminantes atmosféricos alrededor de ciertos centros educativos de España se acerca peligrosamente a las regulaciones de calidad de aire establecidas para las zonas urbanas.

Condiciones asfixiantes 

De esta manera tenemos una intersección entre una población vulnerable y unas condiciones de contaminación que se mantienen de manera crónica durante períodos extensos de tiempo.

Esta es la receta perfecta para que una gran cantidad de la población juvenil desarrolle problemas de salud crónicos que afecten su calidad de vida en un futuro.

Con esto en mente es evidente la importancia de asegurar que el ambiente escolar sea un entorno seguro desde el punto de vista de la ecología, por la salud y el futuro de los jóvenes que allí se forman.