Cada vez encontramos en los anaqueles muchos más productos que utilizan azúcar refinada, así como otros azúcares añadidos, debido a que tienen la propiedad de mejorar las cualidades sensoriales de los alimentos, y por lo tanto influye significativamente en la satisfacción del consumidor, ya que mejora su apariencia y su sabor. No obstante, el consumo desmedido de los mismos hace que el organismo trabaje en exceso y se acumulen en el cuerpo en forma de grasa, lo que conlleva al desarrollo de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y caries.

Los azúcares adicionados o añadidos, se definen como los azúcares y jarabes que se agregan a los alimentos durante su procesamiento industrial o en las preparaciones caseras. Este tipo de azúcares lo constituyen principalmente, el azúcar blanco o refinado, azúcar moreno, azúcar en bruto, jarabe de maíz, sólidos de jarabe de maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, jarabe de malta, jarabe de arce, jarabe de maple, edulcorante de fructosa, fructosa líquida, miel, melaza, dextrosa anhidra y dextrosa cristalina.

Las fuentes principales de azúcares adicionados lo constituyen mayoría de los siguientes productos: bebidas gaseosas, bebidas en polvo a base de cacao y otros sabores, pasteles, bebidas energéticas, galletas, tartas, algunos tipos de aderezos para ensaladas, mermeladas, zumos de fruta endulzados, cereales para el desayuno azucarados, postres lácteos, helados, chocolates y una infinidad de golosinas.

Efectos nocivos del azúcar

Colisión catastrófica

Existe suficiente evidencia a nivel mundial, fundamentada científicamente, sobre la relación que existe entre el consumo creciente de alimentos y bebidas con alto contenido de azúcares y el impacto negativo en la salud. Consumo que está asociado con variadas patologías como el sobrepeso y la obesidad, alteraciones hepáticas, desórdenes del comportamiento, diabetes tipo II, hiperlipidemia, enfermedades cardiovasculares, hígado graso, algunos tipos de cáncer y caries dental. Además, el consumo de azúcares puede contribuir al desarrollo de alteraciones psicológicas como la hiperactividad, el síndrome premenstrual y las enfermedades mentales.

Todo esto ha dejado en evidencia que el efecto nocivo sobre la salud del consumo excesivo de azúcares añadidos es mayor que al que en un tiempo se le atribuyó a las grasas

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendaron en el año 2002 que el consumo de azúcares adicionados sea menos de 10 % del valor calórico total; sin embargo, las nuevas recomendaciones para el año 2014 indican que el valor calórico total puede ser de 5 %. En el continente europeo, la recomendación establecida es que sea menos del 11 %, lo que quiere decir que es más laxa en relación con la OMS. Esto se traduce que se debería consumir menos de 25 gramos de azúcar al día de acuerdo a la OMS.

Por otra parte, la OMS recomendó que sean los gobiernos quienes asuman el diseño de políticas restrictivas, incorporando a las diferentes partes interesadas, tanto públicas como privadas. En este sentido, varios países han establecido regulaciones enfocadas a aspectos tales como la clasificación de los productos según contenido de azúcares, información nutricional en el etiquetado, cantidad de azúcar permitido según el alimento, definición de objetivos, metas y estrategias para reducir el consumo de azúcares y penalizaciones para los productos que no cumplan lo reglamentado.

Impacto del azucar

Reconociendo el impacto en salud del consumo de azúcares añadidos, el control del consumo de estos alimentos debería comenzar por cada uno de nosotros

Lo que hace difícil que tengamos un control efectivo sobre el consumo de alimentos ricos en azúcares es la adicción que estos producen. El azúcar estimula en nuestro cerebro la liberación de endorfinas. Los azúcares refinados tienen capacidad para unirse a receptores cerebrales en zonas del hipotálamo, teniendo la capacidad de estimular la secreción de dopamina y activar los circuitos de recompensa.

Esto hace que cada vez que nos encontramos en una situación emocional incómoda, sintamos ansiedad y por tanto la necesidad de ingerir estos alimentos para sentirse anímicamente bien. Frente a esto, lo que queda es tomar conciencia y comenzar a reducir, gradualmente, el consumo de estos productos.