Desde tiempos remotos, la tecnología y la ciencia se han ayudado mutuamente a alcanzar nuevas fronteras. Los nuevos descubrimientos permiten el desarrollo de habilidades, y estas, permiten a los científicos hacer hallazgos que antes eran imposibles. Uno de los campos donde esto se aprecia mejor es el de la biología marina.

Durante milenios la humanidad sólo podía estudiar las costas marinas que, aún teniendo una gran abundancia y diversidad de plantas y animales, representan una ínfima parte de todo el ambiente costero. 

No fue hasta la llegada de la revolución industrial que los grandes barcos de investigación comenzaron a develar los misterios del océano. Actualmente, uno de los avances más llamativos en el área de la investigación marina son los AUV (Vehículos Autónomos Subacuáticos, por sus siglas en inglés), vehículos sumergibles manejados por una computadora a bordo, y equipados con sondas y sensores que les permiten recopilar información del fondo marino. De entre los AUVs desarrollados actualmente hay uno que destaca, el notable MantaDroid.

Tecnología imitando a la naturaleza

MantaDroid representa la culminación del trabajo de un equipo de ingenieros de la Universidad Nacional de Singapur, que se inspiraron en la forma de las mantarrayas, animales conocidos por una extensa movilidad cerca del fondo marino, y en la columna de agua. MantaDroid tiene un cuerpo plano y alargado, equipado con diversos sensores, una computadora que registra los datos y dirige al vehículo, y una batería con duración aproximada de 10 horas; a los lados del cuerpo se encuentran dos aletas pectorales, hechas de PVC flexible, cada una impulsada por un pequeño motor eléctrico. El elegante movimiento fluido de estas aletas sirve como medio de propulsión para el AUV.

El diseño inspirado por la naturaleza, no solo añade elegancia y carisma, sino que permite resolver algunos de los problemas observados en la generación previa de AUVs. Para empezar, muchos de los modelos anteriores tenían un tamaño y peso que los hacía difíciles de utilizar, hasta el punto de requerir la asistencia de embarcaciones auxiliares, en muchos casos; MantaDroid, por su parte, tiene apenas 35 cm de longitud y 63 cm de ancho, pesa 0,7 kilogramos, y es fácil de transportar, desplegar y recuperar. Además, su propulsión por aletas permite prescindir de motores complejos y costosos, dando como resultado un armazón relativamente barato y fácil de construir para estudiar y preservar el medio ambiente.

Mantarrayas robóticas en un mar de implicaciones

El avance que MantaDroid propone para la ciencia resulta bastante atractivo desde el punto de vista de la investigación, una flota de estos pequeños equipos podría recopilar datos de gran valor ecológico de manera más rápida y segura que un equipo de investigación común. Sin embargo no todo es simple, antes de comenzar a hacer uso extenso de esta nueva tecnología, es necesario estudiar cómo puede afectar al ambiente y a la sociedad.

De igual manera que es posible que los equipos sean atacados por especies marinas, también es posible que queden atrapadas en redes de pesca. Además, tampoco pueden ignorarse otras preocupaciones como la probabilidad de que a futuro los MantaDroid puedan ser modificados por personas sin escrúpulos para añadirles instrumentos de espionaje, o hasta armas. Si bien, estos AUV representan una gran oportunidad para la ciencia, a futuro es un avance que debe estar controlado, y debe darse responsablemente para evitar dañar a las personas y al ambiente.