La combinación del cambio climático y la deforestación podrían exponer a más de 12 millones de personas en la Amazonía brasileña a temperaturas de calor extremo.

Un estudio publicado en Communications Earth & Environment por un grupo de investigadores brasileños concluyó que esto implicaría grandes riesgos para la salud.

Los estados ubicados al norte de Brasil serían los más afectados según una hipótesis posible que afirma que si la pérdida forestal en la Amazonía es tan severa, convertirá a la selva en una sabana.

Este escenario de deforestación parece no muy distante si se observa que entre 2019 y 2020 la deforestación en la Amazonía tuvo el aumento anual más grande desde 2010, según afirman los investigadores.

En base a los modelos para la investigación, la tasa de estrés por calor puede sobrepasar los límites de adaptación humana para 2100 con la combinación entre el cambio climático y la sabanización amazónica.

Una exposición a temperaturas extremas puede ocasionar agotamiento, deshidratación e incluso el colapso de las funciones vitales.

Aparte, un aumento del estrés puede disminuir la productividad en diversas áreas de la economía y provocar migraciones masivas.

Los investigadores hacen hincapié en que los peores efectos se sentirán en áreas de Brasil que tienen infraestructuras y servicios de salud deficientes.

Beatriz Oliveira, coautora del estudio, afirmó que «la población brasileña no cuenta con los servicios capaces para responder a una emergencia climática».

Por su parte, Henrique Pereira, profesor de Ciencias Agrarias de la UFAM, indica que los efectos del aumento en la temperatura ya se están sintiendo en la Amazonía.

¿Es posible evitar la crisis en la Amazonía?

Los datos históricos en la región indican que la media de días con temperaturas por encima de 35°C pasó de 11 días por año entre 1961 y 2000 a 98 días entre 2009 y 2015.

Según Pereira, por este motivo el trabajo agrícola que solía realizarse en la Amazonía entre las 8 y las 14 horas ahora debe realizarse de 4 de la mañana a 8.

Algunos expertos afirman que si bien las consecuencias más drásticas que indica el estudio están relacionadas directamente con el cambio climático mundial, es necesario combatir la deforestación en la Amazonía.

«Es fundamental combatir la deforestación ilegal. Esto debe hacerse con los órganos de control e inspección para combatir el crimen organizado que ocupa terrenos públicos», indica Ane Alencar, directora de ciencia del IPAM.

Paulo Barreto, investigador de Imazon, señala que las políticas en Brasil entre 2005 y 2012 redujo la deforestación con sanciones y creación de áreas protegidas. No obstante, esos logros han disminuído desde entonces con el debilitamiento de las políticas.

Gracias a esto, parte de la agroindustria empezó a exigir cambios al gobierno, ya que un porcentaje del sector está presionando al sector público porque se comprende el tamaño de la problemática en la Amazonía.