A medida que se hace más notoria la necesidad de pasar de nuestro modelo de consumo actual a uno de sostenibilidad han surgido ciertas preocupaciones con respecto a los cambios que pueda causar sobre los distintos aspectos de la vida humana, como los empleos.

Uno de los que ha ganado más prominencia en los últimos meses es la posible disminución de empleos que podría ser desencadenada por el cambio a un modelo sostenible, esta preocupación nace del hecho de que un modelo basado en la sostenibilidad tendría como uno de sus principales objetivos disminuir la producción para evitar el consumo excesivo de recursos naturales.

Con esta premisa en mente, es fácil llegar a la conclusión de que en un futuro sostenible la competencia por los empleos se hará incluso más feroz de lo que es actualmente.

Pero aunque esta lógica pueda parecer firme a primera vista no se ajusta en realidad a la planificación propuesta para alcanzar una economía sostenible.

En realidad el desplazamiento del paradigma económico actual requerirá un esfuerzo laboral inmenso que se traduce a un gran número de empleos nuevos en el presente y que a largo plazo se estima que producirá toda una variedad de cambios que mantendrán una situación positiva en el mercado de trabajos.

Durante las primeras fases de la transición, será necesaria una gran cantidad de profesionales para construir la infraestructura requerida por sistemas de energía renovable a gran escala.

Cada una de estas oportunidades de empleo abre nuevos horizontes a la población y permite el desarrollo de nuevas disciplinas que a futuro pueden florecer en nichos laborales que aún no se han explotado en su totalidad.

La sostenibilidad nos brinda la posibilidad de moldear un nuevo panorama con diversas propuestas de empleos de carácter innovador.

Sostenibilidad y empleos del futuro

Pero más allá de esto, se espera que la sostenibilidad tenga un efecto reformador en el mercado de trabajos. Un modelo de producción sostenible implica un uso menor de maquinarias y un consumo reducido de energía.

Ambas premisas coinciden con una fuerza laboral de mayor tamaño, esta estaría dividida a su vez en turnos más cortos para compensar una mayor participación en el proceso laboral. Todo esto junto pinta un panorama de empleos abundantes de carácter variado

Además, el cambio de un paradigma de máxima productividad forzada a uno que busca la producción justa para cubrir las necesidades de la humanidad deja una vía abierta para romper con el esquema en el que los trabajadores existen por y para el cumplimiento de sus turnos de trabajos.

La cultura en la que se requiere que los empleados se sacrifiquen por el bienestar de su compañía sería reemplazado por un sistema más humano que tenga en mente las otras facetas de la vida del trabajador además de la laboral, de tal manera que su empleo les garantice un sustento digno sin amenazar su calidad de vida.

Más y mejores empleos

De esta manera vemos que la transición hacia la sostenibilidad producirá empleos y bienestar a corto plazo a medida que actúa a largo plazo para redefinir el contexto de las relaciones laborales dando lugar a un mercado donde exista una sana disponibilidad de buenos empleos.

Desde esta perspectiva es fácil notar que lo empleos y la sostenibilidad van de la mano.