Durante los últimos años, los cambios en los patrones meteorológicos han despertado un interés creciente por parte de los científicos y la ciudadanía en los eventos climáticos extremos como las olas de calor.

Esto ha resultado en una mayor atención sobre los huracanes, heladas, sequías y otras catástrofes naturales; pero patrones meteorológicos menos extremos también han demostrado un aumento en su severidad y frecuencia que recae en la intensidad con la que afectan a la población humana, a las demás especies y a la ecología en general.

Uno de los ejemplos más importantes dentro de esta categoría son las olas de calor, que en las últimas décadas se han convertido en uno de los grandes problemas meteorológicos de nuestro tiempo con notables ramificaciones que afectan a distintas facetas de la naturaleza y la sociedad.

Las olas de calor se definen como períodos de tiempo en los cuales el clima se vuelve anormalmente caluroso, a veces con un aumento sostenido de la humedad atmosférica.

Con un criterio más específico, suele decirse que una ola de calor es cualquier periodo de por lo menos cinco días en los cuales la temperatura promedio supera los valores de los días anteriores por más de cinco grados Celsius.

La humedad y la incomodidad de las personas se consideran criterios secundarios que pueden aumentar o disminuir la severidad de la ola de calor.

Estos repentinos cambios en el clima pueden afectar severamente la ecología de toda una región, de allí la importancia de conocer los factores que dan lugar a estos fenómenos para predecirlos con precisión.

La formación de olas de calor

El mecanismo principal que modifica el clima para dar lugar a una ola de calor es la diferencia de presión entre las masas de aire elevadas y las superficiales, cuando se forma una zona de presión alta en las capas de aire más elevadas esto genera un flujo constante de aire cálido desde la parte superior de la atmósfera hacia la superficie de la tierra.

Este flujo de aire evita que el calor escape e impide la formación de nubes que reducen la incidencia solar, pues el agua evaporada no puede elevarse por encima de la capa superficial.

Esto produce un aumento de la temperatura localizado que perdura hasta que la zona de alta presión desaparece, causando el característico clima cálido y húmedo que suele relacionarse con las olas de calor.

También suelen darse olas de calor causadas por la diferencia de presión entre masas de aire superficiales, usualmente las masas de aire caliente a alta presión que se encuentran en las planicies áridas o las mesetas y las masas de aire costeras de menor presión.

Cuando esta diferencia de presión se hace muy pronunciada las masas de aire caliente se desplazan arrastrando la humedad y aumentando las temperaturas en las zonas que atraviesan.

Esto da lugar a olas de calor que en general son más cortas y más intensas, originando tormentas de polvo e incendios que modifican el clima y afectan la ecología.

Cuando el calor aumenta

La temperatura es una de las fuerzas fundamentales que gobiernan el sistema del clima y la ecología del ambiente, cuando un fenómeno como las olas de calor la altera de forma significativa es indispensable tomar medidas para protegernos y minimizar los daños.

Por eso resulta vital comprender cómo se originan las olas de calor, para ser capaces de predecirlas y responder a ellas de manera efectiva y prosperar en este mundo cambiante.