Si bien los Objetivos de Desarrollo Sostenible son de gran importancia para el mundo entero, tienen sus debilidades como cualquier otro acuerdo internacional. Deben ser objetados bajo circunstancias variantes y se deben ir adecuando a la realidades de cada país suscrito.

Es claro que la meta es lograr llegar a un acuerdo de su cumplimiento de manera global que representaría un éxito total para la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Partiendo del hecho de que muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible son ambiciosos, es necesario que muchas cosas funcionen bien para lograrlos.

Estos requieren de no sólo un compromiso político, sino también llegar a un consenso en cuanto al entorno, objetivos claves, financiación y un medio donde pueda existir un crecimiento económico.

Entendiendo que desde el 2015 se establecieron varios de los compromisos, estos han venido sufriendo un fuerte enfrentamiento con varios factores, entre ellos:

  • La polarización geopolítica
  • El bajo rendimiento de las economías de muchos países
  • La perturbación de las relaciones comerciales mundiales
  • La crisis y la recesión por la COVID-19

El año pasado «se registró retrocesos en muchos de los objetivos y metas, retrocesos que serán difíciles de recuperar y que requieren un replanteamiento».

¿Qué hay de la Agenda 2030?

Esto supone que el error más común es imaginar que el desarrollo sostenible es sólo otra forma de hablar del medio ambiente. Esto queda establecido en la Agenda 2030, donde fundamentalmente se determinó que «la sostenibilidad es una estrategia dirigida al desarrollo, no al medio ambiente».

En términos generales, la palabra sostenible añade un matiz importante al desarrollo, pretendiendo de esta forma ser una abreviatura de lo que se denomina desarrollo económico ambientalmente sostenible.

Hay que recordar que esta idea sobre desarrollo sostenible fue concebida durante la Comisión Brundtland (la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo) en 1987 y la Cumbre de la Tierra que le siguió en 1992.

Aquí la concepción del desarrollo se basaba en la prosperidad económica, el bienestar social y la protección del medio ambiente.

Adicional a ello, se formularon objetivos de equidad intergeneracional y de consumo sostenible, estableciéndose principios destinados a garantizar que los resultados medioambientales que afecten a las generaciones futuras no generen daños irreparables.

Hay que estar conscientes que llegar a lograr este desarrollo sostenible es todo un reto. Se hace necesario crear estrategias de perfeccionamiento que no contrapongan los objetivos económicos, sociales y medioambientales.