En el territorio de Almería, lleva ocurriendo desde hace algún tiempo un esfuerzo descomunal dirigido a la restauración de los ecosistemas fluviales. Fueron 115 los cauces en los cuales se realizó limpieza de desperdicios sólidos y se plantaron nuevos árboles para repoblar las riberas. En total se retiraron 6 300 toneladas de desperdicios y se replantaron 120 000 ejemplares de la flora local a lo largo de 184 kilómetros de la región, una extensión comparable a 770 campos de fútbol.

Esta actividad realizada a una escala sin precedentes representa un hito en múltiples frentes. A nivel de conservación, implica un respiro de aire fresco para los ecosistemas fluviales y las especies que dependen de ellas. En el aspecto de saneamiento y salubridad, significa un avance en el manejo de ambientes degradados por la contaminación. Por si esto no fuera suficiente, esta acción también tendría repercusiones económicas y recreativas, pues los cauces y riberas recuperadas representan un atractivo turístico a disposición de la ciudadanía.

La Administración Regional reconoce que durante mucho tiempo descuido la administración de los ambientes fluviales y espera que este maravilloso evento sirva como ejemplo y referente de un futuro en el que una administración ambiental más robusta permitirá una mejor conservación de especies y ecosistemas, una gestión del agua más eficiente y menores daños durante la temporada de lluvias.

Protegiendo los cauces

Canal de canotaje del embalse de Almanzora

La vegetación de los ecosistemas de ribera es sumamente importante para la salud de los cuerpos de agua, pues realiza varios servicios ecológicos indispensables para ellos. Por ejemplo, los juncos y otras plantas que crecen entre el fango asientan el fondo y depuran el material biológico transportado por las aguas. Los arbustos que crecen al margen del agua, funcionan como una barrera que dirige el agua de las lluvias hacia el cauce del río y evita que esta se desborde. A su vez, los árboles altos que crecen junto a los cauces los protegen de la evaporación excesiva que ocurre durante el verano.

Un aspecto clave de la reforestación es que las especies sembradas deben adaptarse bien a las necesidades del ecosistema para llevar a cabo su papel dentro de este adecuadamente. Sembrar árboles en un paraje desértico es un desperdicio por ejemplo, pero el ecosistema de las riberas es uno de los que mejor aprovecha la vegetación. Este hecho asegura que el esfuerzo de reforestación no sea un desperdicio y de hecho ayude al medio ambiente.

Colaborando por el futuro

Una de las cosas que más llama la atención de este evento es el enfoque que se le da. El Gobierno de Almería insiste en que esta es una iniciativa conjunta que se nutre del apoyo de los agricultores y ciudadanos, explicando que ellos mismos se beneficiarán de la reforestación. 

Los granjeros y ciudadanos tendrán una mejor gestión del agua y estarán protegidos de las inundaciones que ocurren con las lluvias torrenciales. Las asociaciones medioambientales y turísticas se benefician de las bondades propias de un ecosistema saludable. Finalmente, la administración cosecha los beneficios de una gestión ambiental exitosa y la colaboración de los distintos organismos de la región.

Este proyecto nos muestra que cuando se logra la cooperación entre los distintos grupos de la región es posible realizar cambios duraderos que favorecen a todos, tal y como ocurre en los cauces de Almería.