La capital chilena fue fundada en 1541 y debe su nombre al apóstol Santiago patrono de España, desde siempre se ha mostrado como un centro de desarrollo tecnológico para la región y en la actualidad, Santiago de Chile se apunta a ser la ciudad más inteligente de Latinoamérica.

El IESE Cities in Motion Index (CIMI) 2020 realizó un estudio el cual incluyó 174 ciudades, donde Santiago de Chile ocupa la posición N° 68, seguida de Buenos Aires (90), Montevideo (110), Panamá (113), San José de Costa Rica (114), Bogotá (120), São Paulo (123), Medellín (126), Ciudad de México (130) y Asunción (131). Cierra el índice Caracas (174).

Por su parte, si se analiza por región, tendríamos que Londres es la ciudad más inteligente y sostenible de Europa y Santiago de Chile es la mejor de América Latina, según el reporte del Centro de Globalización y Estrategia y el Departamento de Estrategia de la IESE Business School.

Para determinar este ranking se identificaron y se evaluaron diversas dimensiones socio ambientales y socioeconómicas, como por ejemplo: gobernanza, planificación urbana, gestión pública, tecnologías, medio ambiente, proyección internacional, cohesión social, movilidad y transporte, capital humano y economía.

Esta clasificación de ciudades ya tiene siete años publicándose y desde el 2019 Santiago de Chile era reconocida como la más destacada de la región, pero en la actualidad, con una pandemia, todos los países del mundo deben enfrentar la nueva realidad.

Ese mismo año, Santiago de Chile fue incluido en el Índice de Centros Financieros Globales (GFCI) que es elaborado por el Grupo z/Yen, en el año de su ingreso se posicionó en el lugar 99, pero para marzo de este año se registró un avance de 32 lugares dejándola en el puesto 67.

Es importante destacar que para poder ser considerado un centro financiero debe de cumplir unos requisitos como tener conectividad internacional, primordialmente infraestructura para las telecomunicaciones, poseer variedad de productos y servicios, positividad de las regulaciones existentes para las empresas, conocer los índices de corrupción y transparencia, mediciones de cómo es la efectividad del gobierno entre otras.

En este sentido, todo Chile entendió lo importante y la trascendencia que hay en la conectividad global, por ello realizó un estudio de factibilidad logrando determinar la mejor ruta que debería seguir el tendido de fibra óptica submarino que finalmente unirá Valparaíso a Nueva Zelanda y Australia, con la finalidad de que estar conectados a nuevas tecnologías es sinónimo de avance en todos los aspectos del desarrollo de un país.

Por esta razón Brasil se asoció a Chile y Argentina, lo que permitirá conectar Sudamérica con Asia-Pacífico sin intermediarios de por medio, al que esperan se unan Paraguay, Uruguay y Bolivia, esto impulsará la conectividad de 270 millones de personas en todo el continente.

Las conexiones entre países son de gran importancia a nivel mundial, amplía la capacidad de intercambio tecnológico ya que, si bien se habla de ciudades inteligentes desde la década de 1990, el desarrollo de las mismas en América Latina aún no está muy extendido.

Sin embargo, los gobiernos comenzaron a darse cuenta de las múltiples ventajas de utilizar nuevas tecnologías y estar interconectados para la buena y eficiente administración de recursos, asegurando de esta forma el mejor uso de la infraestructura de la ciudad y mejora de la calidad de vida de sus habitantes.

En conclusión, sabemos que una ciudad inteligente será aquella que logre aplicar «la tecnología disponible para mejorar la vida de los ciudadanos mediante la mejora de los servicios públicos – salud, educación, energía, medio ambiente, seguridad, saneamiento, movilidad, entre otros».