La conservación de especies es un campo sumamente complicado que se caracteriza por presentar bastantes desafíos, no siempre es fácil recolectar información sobre las poblaciones en peligro, interpretar esa información y usarla para dar lugar a medidas de conservación adecuadas también es un trabajo arduo y, sin embargo, muchas veces la parte que presenta más dificultades usualmente es lidiar con las autoridades humanas.

Tomemos por ejemplo a la cigüeña negra (Ciconia nigra), esta es una prima de la cigüeña blanca caracterizada por su preciosa coloración que mezcla plumas blancas y negras. Estas cigüeñas hacen extensas migraciones que las llevan desde África hasta Eurasia, formando majestuosas parvadas que atraviesan los cielos azules. Una pequeña población de esta especie anida en el norte de Extremadura, apenas unas doscientas parejas de aves que, por si fuera poco, se encuentran aisladas de la mayoría de las poblaciones grandes de la especie. Por esta razón, se ha establecido a la cigüeña negra como una especie en peligro de extinción dentro de Extremadura y se pusieron en marcha planes para su conservación.

En 2017, el Plan de Restauración de la Cigüeña Negra fue presentado al Consejo Asesor de Medio Ambiente de Extremadura y fue aprobado por este organismo, en aquel momento todo lo que hacía falta para poner en marcha las medidas de conservación para la cigüeña negra era que el plan fuese aprobado y la Consejería de Extremadura diese su orden. Actualmente, tres años más tarde, la Consejería aún no se ha pronunciado sobre el plan, no ha comunicado ningún tipo de observación sobre él y no ha dado respuesta a las interrogantes de los organismos preocupados por la conservación de la Cigüeña Negra.

Planes estancados

El Plan de Restauración de la Cigüeña Negra representa un ejemplo lamentable de una tendencia que cada vez se consolida más en la región de Extremadura. Tal parece que la Consejería tiene predilección por realizar gestos simbólicos que dan la imagen de preocuparse por el medio ambiente en lugar de aprobar medidas jurídicas que realmente conduzcan a la conservación y el bienestar del patrimonio natural de Extremadura.

Prueba de esto son los múltiples planes y proyectos de conservación que se encuentran paralizados por la Consejería. Especies como el Milano real, la avutarda y el pez fraile, cuya situación de amenaza es conocida desde el año 2001 aún esperan medidas o planes de conservación que parece que nunca llegarán. Un caso similar, aunque más doloroso, es el de la lamprea de río o el lobo ibérico, que se extinguieron en el territorio de Extremadura antes de que las autoridades pertinentes tomarán cartas en el asunto.

Mientras esta situación continúe, lo más probable es que el patrimonio natural de Extremadura siga desvaneciéndose poco a poco en el futuro cercano. Quizás incluso la cigüeña negra se convierta en una de las próximas especies en desaparecer de los parajes extremeños debido a los retrasos en sus medidas de conservación.

Exigir conservación

Planeta azul

Ante esta problemática, la única solución es insistir a la Consejería el cumplimiento de sus deberes, las leyes hacen obligatoria la promulgación de los planes y medidas de conservación para especies en peligro y la Consejería de Extremadura tiene el deber y la obligación de velar por el bienestar de su patrimonio natural y hacer todo lo posible para garantizar su conservación.

No solo por la cigüeña negra, sino por todas las especies amenazadas del territorio de Extremadura, es el deber de cada ciudadano exigir a las autoridades responsabilidad y claridad en las medidas de conservación.