Esta temporada veraniega no era especialmente agresiva, sin embargo, las condiciones para declararse superincendios en Europa –gracias en gran parte a la crisis climática– estaban ahí: vegetación seca por la falta de humedad a una chispa de encenderse y temperaturas extremas por la ola de calor.

Los superincendios en parte de Europa en países como Argelia, Grecia, Turquía e Italia ya habían dejado en evidencia lo devastadora que podía ser esta combinación, y solo era cuestión de tiempo para que España se viera afectada. El incendio de Navalacruz ocurrió llevando consigo 22.000 hectáreas.

El peor en Castilla y León desde 1984

Desde agosto, los superincendios en Europa han quemado más de 83.000 hectáreas en España según los datos del Ministerio de Transición Ecológica. Ahora, un megaincendio afecta la Sierra Bermeja de Málaga desde el pasado 10 de septiembre. 

Según explica Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, «todo apunta a que ha sido intencionado». Hasta los momentos se han quemado aproximadamente 8.000 hectáreas y ha perdido la vida uno de los bomberos asignados al control de la situación.

La relación que guardan los superincendios en Europa y en todo el mundo con el cambio climático ha sido alertada constantemente por los investigadores de la ONU del IPCC. La última advertencia ocurrió en el informe sobre las bases científicas del calentamiento planetario publicado el pasado 9 de agosto.

Una vez más ha sido evidenciado en lo que va de verano el vínculo de este a oeste de la cuenca mediterránea como un punto clave de la crisis climática, bien definido por científicos de la ONU.

Los superincendios en Europa

Una ola de calor histórica afectó a Grecia desde inicios de agosto, donde cientos de incendios arrasaron con más de 60.000 hectáreas con una actividad que superó las dos semanas. Al mismo tiempo, en Turquía, fueron arrasadas unas 120.000 hectáreas a causa del fuego.

En Calabria y Sicilia, ubicadas en el sur de Italia, se contabilizaron más de 500 incendios a mediados de agosto. Se ha multiplicado por cuatro la media de superficie quemada este 2021 en Italia. Mientras, en Argelia, una oleada de fuego terminaba de afectar ambas riberas del mediterráneo, dando pie a una jornada de superincendios en Europa sin precedentes.

Maria Melero, del programa de bosques de WWF, insiste que las repercusiones del cambio climático en la zona mediterránea favorecen que los incendios se comporten de forma impredecible, tal y como se está observando en Málaga.

Varios investigadores del fuego forestal, desde el CSIC hasta las brigadas de bomberos, afirman que la proliferación de masas forestales y el abandono rural han convertido a los cuerpos de vegetación más vulnerables.

Pero sea cual sea el caso, es necesaria una chispa de ignición que desate el fuego. Según datos de Transición Ecológica, los incendios intencionados son los más numerosos, más de la mitad de todos los analizados entre 2006 y 2015. Un porcentaje casi exacto al registrado entre 2001 y 2010.

Los accidentes o negligencias humanas conformaron el 28 % de los incendios. Es decir, de 131.113 incendios, el 80 % fueron por causa humana. Según admite el Ministerio, «a pesar del alto número de incendios de causa conocida, es muy relevante el dato que solamente se logre identificar en un 17 % de los casos al causante».