El paso hacia la sostenibilidad nos plantea la necesidad de desarrollar formas de energías renovables que suplanten en su debido momento a los combustibles fósiles.

Sin embargo, y tal como se observa a nuestro alrededor con en el presente, el paso de una forma de energía a la otra no será un proceso de suplantación inmediata sino que a lo largo de un significativo periodo de transición las tecnologías que sirvan para generar y aprovechar la energía producida por la quema de combustibles fósiles tendrán que ser suplantadas o abandonadas en favor de infraestructura más adecuada para las formas de energías renovables.

Con esto en mente, resulta lógico suponer que este periodo de transición estará marcado por la incompatibilidad entre distintas formas de energía.

Esta realidad nos obliga a realizar un examen concienzudo para comparar los beneficios y carencias de cada tipo de energía para permitir que durante el paso de los combustibles fósiles a las energías renovables ambas modalidades se usen de la manera más eficiente posible.

La potencia de los combustibles fósiles y la sostenibilidad de las energías renovables

Las principales diferencias entre las dos modalidades energéticas son la potencia, la eficiencia y el nivel de residuos que generan.

A nivel de potencia, las centrales energéticas que utilizan combustibles fósiles tienen un rendimiento bastante mayor y consistente, debido a que sus procesos operativos son en gran medida independientes del ambiente que les rodea.

Estas plantas pueden operar de manera confiable durante todo el año en contraposición a las fuentes de energía solar, eólica e hidroeléctrica que dependen de las condiciones ambientales para producir energía de manera adecuada.

A nivel de eficiencia, sin embargo, las energías renovables se presentan como una alternativa más interesante. Los distintos sistemas empleados para obtener energía eléctrica del medio ambiente presentan una tasa de producción más eficiente que la quema de combustibles fósiles.

 Esta úiltima desperdicia una gran parte de la energía contenida en la materia prima y además requiere procesos más complejos para convertir el calor en electricidad que implican una pérdida importante de energía.

Desde el punto de vista de la liberación de residuos, la quema de combustibles fósiles presenta una alternativa sumamente desalentadora.

Nuestro mundo moderno conoce demasiado bien los efectos de emitir constantemente aportes contaminantes hacia la atmósfera y hemos comenzado a reconocer que ningún tipo de tecnología vale la pena si pone en riesgo el bienestar ecológico de nuestro planeta.

Las energías renovables, por su parte, también presentan consideraciones en este aspecto. El simple hecho de que las infraestructuras que requieren representan una fuente de residuos sólidos a lo largo del tiempo, pero en comparación con los combustibles fósiles se presentan como una alternativa preferible desde el punto de vista de la sostenibilidad.

Una herramienta para cada situación

Tampoco es prudente descartar del todo a los combustibles fósiles para el futuro, y aunque la sostenibilidad exige que su consumo se reduzca a gran escala, hay ciertos ámbitos donde su uso podría ser justificable en virtud de la practicidad.

Por ejemplo, aún no existen alternativas de energías renovables viables para los aviones o el transporte marítimo a gran escala.

Lo más probable es que a corto plazo y durante la transición a nuevas formas de energía sigamos dependiendo de los combustibles fósiles, aunque de una manera más cauta y sostenible.